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viernes, 20 de mayo de 2011

Toda historia tiene un principio (III)

Retomo mis andanzas virtuales después de un vacío que ha durado más tiempo del que me habría gustado, las cosas se han complicado durante estos meses y me ha sido posible sacar tiempo siquiera para poder actualizar el blog, por ello os pido mis más sinceras disculpas a todos los seguidores de Hyperborea Existe. Como no podía ser de otra forma, retomo mis publicaciones con una nueva entrega de la serie 'Toda historia tiene un principio' en la que narro como fue mi implicación profesional y académica con el mito de Hyperborea.

Tal como conté en la segunda entrega de esta serie de crónicas, la primera semana de trabajo y observaciones fue muy tranquila y rutinaria, sin ningún imprevisto. La segunda empezó igual, sin novedades hasta que llegó el décimo segundo día de prospección submarina. Olve, Geir y yo nos habíamos despertado como de costumbre, estábamos terminando de desayunar y tomarnos nuestro primer café de la jornada cuando nos avisaron de que acabábamos de llegar al siguiente punto de exploración. Así que tocaba operar uno de los mini submarinos para ver que había en el fondo marino antes de seguir desplegando el cable guía.

Alzamiento del Barracuda 1. Tras realizar observaciones in situ con el robot submarino durante todo el día había que recuperarlo para recoger las muestras recogidas y realizar su mantenimiento.
Tras ayudar en las tareas de alzamiento y lanzamiento del Barracuda 1 nos agolpamos en el cuarto de operaciones desde donde Olve se encargaba de operar a distancia al mini submarino. Como en las anteriores ocasiones el vehículo descendió lentamente hacia el fondo marino, a más de 3.000 metros de profundidad. Tras media hora llegó y empezamos a recorrer parte de la zona donde iba a ir depositado el cable guía. Esa parte del fondo no era llana, había una mini falla y diferentes desniveles abruptos, por lo que había que revisar con cuidado toda la zona. Nos encontrábamos en el extremo sur de lo que se conoce como la cresta de arrecifes de Jan Mayen, cerca de 400 kilómetros al este de Islandia.

Ese entorno era muy rico en flora y fauna marina, Geir estaba muy emocionado con poder observar, aunque fuera a distancia, las diferentes especies que poblaban ese pequeño trozo del mar. A esa profundidad los peces suelen ser muy esquivos así que cada encuentro era como un pequeño logro para todos, ya que también nos contagiamos de la emoción de Geir. Este estaba atento a todo ser vivo que apareciera delante de las cámaras del Barracuda 1, mientras que Olve seguía concentrado maniobrando, algo nada sencillo en esas condiciones marinas. Mientras tanto, yo miraba detenidamente las formaciones de arrecife, rocosas y del fondo en busca de algún patrón que me permitiera reconocer la posibilidad de que hubiera algún resto arqueológico ahí, aunque ya sabía de antemano que no íbamos a encontrar nada.

Llevábamos dos horas ya de observación, quedaba muy poco para terminar esa fase y volver a ascender al Barracuda 1 cuando sucedió. Acabábamos de encontrar una especie de pozo, de apertura en medio de un desnivel de unos treinta metros. Tanto a Geir como a mi nos llamó mucho la atención, a él por la posibilidad de que en su interior hubiera un ecosistema rico e, incluso la posibilidad de catalogar alguna especie nueva; y a mi porque siempre me han fascinado las formaciones subterráneas submarinas y quería comprobar si se entraba de un mero pozo o la entrada a un sistema de galerías más extenso.

Nyocema en detalle. Este pez alargado de color naranja y muy raro fue visto tanto en la cueva de Niflheim como en otros puntos abisales del Atlántico.
Olve introdujo al Barracuda 1 con mucho cuidado, ya que cualquier desprendimiento o impacto podría dañar severamente al robot y esa visita no entraba exactamente dentro de las competencias de nuestra misión. Se trataba de una gruta bastante grande, de unos veinte metros de altura y cuarenta de largo por treinta de ancho. El fondo estaba dominado por arena muy pálida. Por doquier había pequeñas colonias coralinas y Geir hizo su primer gran descubrimiento de la misión con un extraño pez alargado de color naranja, que más adelante recibiría el nombre de 'neocyema'. También encontramos un curioso pulpo de tonalidades azules que mostró una gran curiosidad por el Barracuda 1.

Lo que pasó es que al adentrarse el robot submarino dentro, las aspas de sus impulsores removieron una parte del fondo de la caverna y levantaron bastante 'polvo'. Hubo un momento en que la visibilidad se redujo considerablemente, por lo que decidimos que en cuanto mejorara mínimamente iniciaríamos la maniobra de ascenso a la superficie. Cuando por fin mejoró la visibilidad Olve dirigió al Barracuda 1 a la salida y entonces fue cuando lo vi, un reflejo que llamó mi atención. Nos había pasado desapercibido antes porque debía estar enterrado bajo la capa de polvo submarino pero ahora destacaba, era una pequeña formación esférica que a pesar de tener coral alrededor me llamó la atención y me dio la sensación de no ser algo natural que perteneciera a ese lugar.

Pulpo abisal. Este animal mostró una gran curiosidad por el Barracuda 1 cuando entró en la cueva de Nifhlheim.
Acercamos al Barracuda 1 para ver mejor, cuando estuvo a un metro, Olve utilizó uno de los brazos robóticos para tantear la formación. El brazo se extendió y abrió sus pinzas para rodear la especie de esfera, tras cerrarse suavemente sobre ella intentó tirar. No hubo éxito, estaba fijada al suelo, pero pudimos ver como se removía todo el suelo alrededor, como si estuviera unida a algo más grande pero que no era el fondo marino ni rocas. No podía creer lo que estaba viendo pero todo apuntaba a que nos encontrábamos ante unos extraños restos arqueológicos. ¿De qué? En ese momento no me podía hacer la más remota idea.

Esto es todo por esta entrega seguidores de Hyperborea Existe, en el próximo capítulo narraré que fue lo que sucedió y los primeros hallazgos que realizamos en la cueva de Niflheim, nombre que le pusimos a la gruta en honor a uno de los mundos de la mitología nórdica. Como siempre agradeceros a todos vuestro apoyo y, sobretodo vuestra paciencia por mi tardanza en actualizar. ¡Un abrazo enorme!

martes, 3 de agosto de 2010

La isla de Jan Mayen

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, después de días de olvido puedo volver a dirigirme a vosotros. Llevo varias semanas en aguas del atlántico norte, entre Groenlandia, Islandia y Noruega, junto a varios colegas a bordo de la embarcación de investigación 'Mist' con el objetivo de realizar diferentes sumersiones en los alrededores de la isla de Jan Mayen así como varias prospecciones en la costa. Fue en la conocida como 'Cresta de Jan Mayen' donde hace cerca de 10 años empezó el primer capítulo de la investigación más emocionante de mi carrera y aún hoy en día, esta isla y su cresta submarina, que recorre el lecho submarino por más de 400km, siguen siendo la clave del enigma.

Fotografiando al 'Mist' rodeado de aves desde la lancha de apoyo. Durante varios días hemos recorrido toda la isla de Jan Mayen realizando sumersiones, paradas en tierra para tomar muestras, así como barridos de radar y sonar del fondo marino.
Pero hoy más que hablar de mi investigación quiero hablaros sobre la isla de Jan Mayen propiamente. No existe un registro histórico completamente fiable sobre cuando fue exactamente su descubrimiento. Y digo esto ya que, aunque existe un registro certero de su descubrimiento en el siglo XVII por balleneros ingleses y holandeses cuando buscaban nuevas zonas de pesca, con gran polémica y conflicto de nombres por otorgarse el merito de su descubrimiento, hay apuntes anteriores sobre su existencia. Así lo relató el monje irlandés Brendan de Clonfert que durante el transcurso de uno de sus viajes se aproximó a una isla negra que escupía fuego y producía un ruido ensordecedor. Brendan de Clonfert pensaba que había llegado a las puertas del infierno y no se atrevió a desembarcar, pero realmente no existe ninguna prueba de ello. De la misma manera es más que probable que los Vikingos conocieran su existencia, ya que estuvieron presentes en Islandia, Groenlandia, las islas Feroe y Noruega, pero tampoco se ha encontrado ningún resto de asentamiento suyo en ella.

Grabado del siglo XVIII mostrando escenas de la caza de ballenas boreales por los holandeses en las proximidades de la isla de Jan Mayen y del Beerenberg.
Finalmente, la isla recibió su nombre gracias al explorador holandés Jan Jacobs May van Schellinckhout que visitó la isla en 1614. Su cartógrafo la bautizó como Jan Mayen, después de cartografiar sus costas, constituyendo así la prueba más antigua del descubrimiento de Jan Mayen, al menos de la que se tenga constancia. Jan Mayen es una isla europea relativamente aislada en el océano Atlántico norte, en el límite con el océano Ártico. Más concretamente, la isla delimita el mar de Groenlandia al noroeste (océano Ártico) del mar de Noruega al sudoeste (océano Atlántico). Jan Mayen no forma parte de ningún archipiélago ni esta acompañada de ninguna isla secundaria o islote. Por tanto, la tierra más próxima es la costa oriental de Groenlandia, a aproximadamente 500 kilómetros al oeste. Islandia se encuentra a 550 kilómetros al sudoeste, y Noruega a 950 kilómetros al sudeste y las Svalbard al nordeste.  Situada por encima del paralelo 66° 33' 39" de latitud norte que constituye el círculo Polar Ártico, no está rodeada por ninguna tierra habitada y se encuentra lejos de todas las rutas marítimas importantes.

Vista por satélite de la isla de Jan Mayen

¿Cuál es entonces su interés? Bien, inicialmente fue usada como base para los balleneros, más tarde el gobierno de Noruega se hizo con ella con el objetivo de instalar una estación meteorológica con la que poder tener un sistema de alerta temprana frente a las tormentas del atlántico. Mucho antes que eso, Jan Mayen acogió el primer año polar internacional, 1882-1883, gracias a sus impresionantes glaciares, así como acogió a diferentes expediciones científicas para estudiar su ortografía volcánica, las aves que pasan por la isla, cerca de 500.000, y la gran variedad de cetáceos que la escogen como lugar de paso. Durante la Segunda Guerra Mundial también sirvió como emplazamiento de varias bases de radio americanas pero a parte de eso su uso ha sido muy limitado. En la actualidad, tan solo está en funcionamiento una estación de servicios climatológicos, una base de navegación de largo alcance (Loran-C) y un pequeño aeródromo. No cuenta con puerto, sino que los navíos deben atracar fuera de la costa. 

Transmisor Loran-C y estación climatológica de Olonkinbyen en la isla de Jan Mayen.

Así que hoy en día tan solo empleados del instituto de climatología, ejército e investigadores son los únicos afortunados con permiso para pisar la isla y, en nuestro caso, sumergirse bajo sus aguas, aunque con limitaciones. La verdad es que estos días están siendo muy emocionantes y no puedo esperar a que llegue el día en que pueda hacer público parte del material que estamos consiguiendo aquí, pero por el momento no es posible. Para nosotros es vital aprovechar hasta el último segundo, ya que la época de buen tiempo no suele durar más que unas pocas semanas durante el verano y es crucial aprovecharlo para tener las mejores y más seguras condiciones de trabajo.

Fragata de la armada noruega en la costa de Jan Mayen. En Jan Mayen tan solo se suelen ver embarcaciones militares y de investigación recorriendo su costa, está alejada de todas las rutas marítimas principales.

Hace diez años, a unos 400km al sur de la isla de Jan Mayen, en la conocida 'Cresta de Jan Mayen' descubrí la primera pieza de un gran rompecabezas con el que llevo trabajando todo este tiempo. Durante todo este tiempo han habido muchos avances, pero nunca he estado tan cerca como hasta ahora. Tanto mis colegas como yo esperamos que todos estos años de investigación y expediciones den pronto sus frutos y consigamos pronto el apoyo necesario para dar el paso adelante requerido para desentrañar la verdad. 

Formaciones rocosas sobresaliendo del agua en la costa de Jan Mayen.
Espero poder dirigirme a vosotros pronto, seguidores de Hyperborea Existe, y os agradezco a todos vuestro apoyo a pesar de no poder actualizar este blog tan a menudo como desearía, aún y así me llena de satisfacción ver que ya sois casi 400 los que me seguís desde la página de Facebook. Espero que podáis leerme pronto y contaros más detalles sobre los inicios de mi investigación hace diez años en la 'Cresta de Jan Mayen'.