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lunes, 14 de mayo de 2012

Toda historia tiene un principio (IX)

Dos semanas después, regreso con vosotros, seguidores de Hyperborea Existe para proseguir mi relato de 'Toda historia tiene un principio'. Han sido dos semanas muy intensas, queda muy poco para que hagamos nuestro movimiento final, depende tanto de ello, que estamos siendo muy minuciosos, no queremos dejar nada al azar. Esperamos poder convencer al gobierno para que nos den los fondos que necesitamos para refutar mi investigación.

Si hacéis memoria, lo había dejado tras hacer un descubrimiento que lo cambiaría todo, una especie de superficie circular en la cueva de Niflheim. Tras regresar el Barracuda 1 a bordo, nos tiramos toda la noche estudiando las imágenes y analizando el mejor acercamiento para poder recuperar el disco. Había que idear un sistema completamente seguro con el que poder izarlo con el Barracuda 1. Después de muchas horas de darle vueltas y hacer pruebas encontramos la solución que nos parecía más segura.

Brazos robóticos terminados en pinza similares a los que usamos con el Barracuda 1.
Habíamos colocado los dos brazos robóticos con pinzas al Barracuda 1 y construimos un arnés de cuerdas de nailon de tal forma que, con un poco de destreza, pudiéramos introducir el disco dentro, y luego cerrar las pinzas para fijarlo y asegurarlo. Según las pruebas que habíamos hecho cuando lo descubrimos, parecía más liviano de lo que creíamos, por lo que esperábamos que el Barracuda 1 pudiera ascender con él sin problemas. Ojo, eso si no encontrábamos complicaciones en forma de corrientes fuertes. La verdad es que los nervios iban cada vez a peor, ya que el pronóstico del tiempo estaba empeorando. Y perdimos toda la mañana en preparar al Barracuda 1 y organizar toda la inmersión, por lo que íbamos a tener que esperar hasta el día siguiente. Si a esto le sumamos la llamada de nuestro superior en el NTNU preguntando si ya estábamos de regreso, pregunta a la que tuvimos que responder con una mentira, pues ya podéis imaginaros cual era el estado de Olve, Geir y servidor.

Por fin llegó el momento óptimo, teníamos una ventana de trabajo muy corta, de tan solo siete horas antes de que nos alcanzara un frente tormentoso. El Barracuda 1 se sumergió grácilmente en el agua e inició su descenso a las profundidades, en busca de nuestro disco, la clave con la que esperábamos poder afianzar nuestras teorías sobre la naturaleza de la Quilla de Odín y del pecio al que pertenecía.

Se nos hizo eterno, como si los segundos fueran minutos, y los minutos horas. Parecía interminable el camino de nuestro robot submarino hasta la cueva de Niflheim. Al llegar todo estaba tal como lo habíamos dejado. Nos dirigimos directamente hacia el disco, seguía ahí, coronando el extraño montículo de roca, flora y crustáceos fosilizados. Olve manejaba diestramente los dos mandos de control del Barracuda 1. A él le iba a tocar la parte más complicada de la extracción. Tenía que conseguir levantar el disco con una de las pinzas, mientras que con el otro introducía parte del arnés, para luego hacer lo inverso con el otro brazo robótico. Existía un gran riesgo de que al levantar el disco este se deslizara del montículo y cayera, lo cual habría sido fatal. Estamos con los nervios de punta, se podía respirar la tensión del momento en el pequeño compartimento  del 'Ice Dawn' en el que nos encontrábamos.

Imagen de la cámara principal del Barracuda 1 justo antes de llegar al montículo del Disco de Draupnir. Utilizaba un sistema de demarcación láser para fijar su objetivo. 
Tras varios intentos, Olve logró introducir bien el disco dentro del arnés de seguridad, fijó los seguros con las pinzas y las retrajo para atraerlo hacía el Barracuda 1. Por un instante fue como si se detuviese el tiempo, pero al momento vimos como el disco se movía, como perezoso por no querer abandonar su hogar tras tanto tiempo ahí. Si el descenso se nos había hecho largo, no quiero contaros como fue el ascenso, un verdadero infierno, y más porque la tormenta ya estaba casi sobre nosotros. Temíamos que se pudiera soltar el cable y perder tanto el disco como al Barracuda 1.

La providencia, los antiguos dioses, el destino, o quizás todos ellos a la vez, quisieron que lográramos recuperar al Barracuda 1 y su preciada carga justo a tiempo. Ya que justo cuando lo izamos y colocamos en la pequeña bodega del 'Ice Dawn', se levantaron olas de tres a cuatro metros. Era el momento de regresar a base. El viaje de vuelta fue muy movido, pero para nosotros era como si estuviéramos en otro mundo. Los tres fascinados por nuestro hallazgo, por el que luego llamaríamos como el 'Disco Draupnir'.

Lo dejo aquí por ahora, prometo actualizar muy pronto con lo que descubrimos, aunque también con las malas noticias desde el NTNU que tuvimos. Ya queda menos amigos, pronto, la verdad sobre Hyperborea será revelada, os lo prometo. Gracias por vuestro apoyo, poder escribiros me sirve de terapia y me da fuerzas para dar los últimos pasos necesarios. ¡Hasta muy pronto!

martes, 1 de mayo de 2012

Toda historia tiene un principio (VIII)

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, vuelvo a ponerme en contacto con vosotros para proseguir con mi crónica de 'Toda historia tiene un principio'. Tal como os adelanté en mi última entrada, tras el varapalo recibido en la Comisión de Expertos del NTNU, no nos quedó otra que pasar el resto del verano de 2000 dedicados a otros proyectos mientras esperábamos con ansias que llegara el mes de septiembre.

Cuando por fin llegó el momento de iniciar nuestra nueva expedición a la cueva de Niflheim tuvimos que hacer frente a varios retos. Primero el bajo presupuesto otorgado por el NTNU, que no nos daba mucho margen de maniobra. A pesar de ello, tiramos de contactos y favores personales y, finalmente, logramos zarpar con una embarcación mediana, el 'Ice Dawn'. Este viejo barco, había sido un pesquero que se había reconvertido para tareas de investigación. Aunque en principio solo nos habían autorizado y dado fondos para delimitar el perímetro del pecio, habíamos conseguido los medios para hacer algo más. A bordo llevábamos uno de los robots submarinos Barracuda de la Nordic Communications. Eso sí, esta vez adaptado perfectamente para la labor de recogida de muestras y exploración del terreno. Por lo que íbamos a intentar alargar nuestra estancia lo posible, teniendo en cuenta las condiciones meteorológicas, para ver que podíamos conseguir.

Imagen de sonar de la zona de la fractura de Jan Mayen mostrando la  localización de la abertura de la cueva de Niflheim.
Tras varios días de travesía llegamos Olve, Geir y servidor, junto a la tripulación del 'Ice Dawn' a las coordenadas de la cueva de Niflheim. Las condiciones del tiempo no eran las mejores, por lo que nos pusimos manos a la obra. Lo primero fue delimitar todo el perímetro de la zona de la Cueva de Niflheim con el sonar. Esa región era conocida por formar parte de la famosa cresta de Jan Mayen, una isla situada 400km al norte y que como conté en anteriores entradas, luego sería uno de nuestros principales focos de trabajo de campo sobre esta investigación. Como podéis ver en la imagen la entrada de la cueva de Niflheim era un apertura alargada, como una grieta, en el lado de un montículo submarino, que hace mucho tiempo fue una chimenea volcánica.

Una vez tomadas las imágenes del perímetro, equipamos al Barracuda con el sonar e iniciamos la primera inmersión para regresar a la cueva de Niflheim. A primera vista parecía que todo estaba tal como lo habíamos dejado en nuestra anterior visita. Empezamos a tomar diferentes imágenes localizadas por cuadrantes de todo el fondo de la cueva y la parte donde estaba la que habíamos llamado como Quilla de Odín. Así nos tiramos toda la primera jornada de trabajo. Por la noche nos dedicamos a revisar todas las imágenes del sonar. En un primer análisis pudimos determinar que la Quilla de Odín no era más que la punta de un iceberg. La mayor parte de la estructura del pecio se encontraba bajo la superficie, protegida por capas de lodo, tierra y rocas. Esta conclusión fue desmoralizadora, ya que si ya de por sí esas condiciones habrían supuesto una compleja prospección arqueológica en la superficie, a esa profundidad hacía que el coste de recuperarlo fuera astronómico, fuera de nuestro alcance.

Ya casi habíamos terminado cuando Olve se fijó en una de las imágenes de otra zona de la cueva, la más apartada de la Quilla de Odín. Había una especie de montículo, de protuberancia muy extraña y que parecía fuera de lugar, pero a la vez no nos dio la impresión de poder pertenecer a la estructura del pecio. La imagen del sonar no era nada clara, pero parecía una especie de superficie circular de un metro de diámetro. ¿Estábamos ante un objeto del pecio o algún extraño artefacto de su carga?

Abajo, izquierda. Imagen de sonar del extraño disco que encontramos en la cueva de Niflheim.
Aunque habíamos planeado usar al Barracuda para extraer un fragmento grande de la Quilla de Odín, decidimos darle prioridad a nuestro nuevo descubrimiento. Al día siguiente, preparamos adecuadamente al Barracuda y miramos ansiosos como iba descendiendo lentamente por las profundidades hasta llegar a la cueva de Niflheim. Nuestro robot iba equipado con dos brazos y una pala grande. En uno de los brazos llevaba una pinza de sujeción y en el otro una sierra para cortar roca. Cuando el Barracuda se acercó pudimos verlo mejor, era una superficie circular que destacaba del fondo marino. Al acercarse el robot, se levantó mucho polvo y pudimos ver las incrustaciones de rocas, flora y crustáceos por toda su superficie.

Al extender la pinza pudimos comprobar como la parte superior se estremecía con el contacto. No se trataba de un cubo, sino de una especie de disco suelto. Parecía más liviano de lo que habíamos pensado al principio, ya que se movía levemente con cada contacto de la pinza. Finalmente, tanteamos todo su perímetro y fuimos haciendo incisiones en la roca para intentar separarlo de ella. Ahí estaba lo que habíamos estado buscando, un objeto que podría ser la clave que demostrara que nuestra investigación tenía sentido y no perseguíamos fantasmas. Pero el Barracuda no estaba preparado para poder cargar con el disco, temíamos que su pinza no fuera suficiente para realizar un ascenso seguro. Íbamos a tener que pensar en otra forma de alzarlo a la superficie...

Hasta aquí lo dejo queridos seguidores de Hyperborea Existe, espero proseguir con mi crónica muy pronto. Ya cada vez quedan menos piezas por descubrir para recomponer este rompecabezas que supone el mito de Hyperborea. Estoy convencido de que pronto podremos descubrir la verdad tras el mito y revelar al mundo que la civilización Hyperborea existió. Muchas gracias por vuestro apoyo continuado..

viernes, 20 de mayo de 2011

Toda historia tiene un principio (III)

Retomo mis andanzas virtuales después de un vacío que ha durado más tiempo del que me habría gustado, las cosas se han complicado durante estos meses y me ha sido posible sacar tiempo siquiera para poder actualizar el blog, por ello os pido mis más sinceras disculpas a todos los seguidores de Hyperborea Existe. Como no podía ser de otra forma, retomo mis publicaciones con una nueva entrega de la serie 'Toda historia tiene un principio' en la que narro como fue mi implicación profesional y académica con el mito de Hyperborea.

Tal como conté en la segunda entrega de esta serie de crónicas, la primera semana de trabajo y observaciones fue muy tranquila y rutinaria, sin ningún imprevisto. La segunda empezó igual, sin novedades hasta que llegó el décimo segundo día de prospección submarina. Olve, Geir y yo nos habíamos despertado como de costumbre, estábamos terminando de desayunar y tomarnos nuestro primer café de la jornada cuando nos avisaron de que acabábamos de llegar al siguiente punto de exploración. Así que tocaba operar uno de los mini submarinos para ver que había en el fondo marino antes de seguir desplegando el cable guía.

Alzamiento del Barracuda 1. Tras realizar observaciones in situ con el robot submarino durante todo el día había que recuperarlo para recoger las muestras recogidas y realizar su mantenimiento.
Tras ayudar en las tareas de alzamiento y lanzamiento del Barracuda 1 nos agolpamos en el cuarto de operaciones desde donde Olve se encargaba de operar a distancia al mini submarino. Como en las anteriores ocasiones el vehículo descendió lentamente hacia el fondo marino, a más de 3.000 metros de profundidad. Tras media hora llegó y empezamos a recorrer parte de la zona donde iba a ir depositado el cable guía. Esa parte del fondo no era llana, había una mini falla y diferentes desniveles abruptos, por lo que había que revisar con cuidado toda la zona. Nos encontrábamos en el extremo sur de lo que se conoce como la cresta de arrecifes de Jan Mayen, cerca de 400 kilómetros al este de Islandia.

Ese entorno era muy rico en flora y fauna marina, Geir estaba muy emocionado con poder observar, aunque fuera a distancia, las diferentes especies que poblaban ese pequeño trozo del mar. A esa profundidad los peces suelen ser muy esquivos así que cada encuentro era como un pequeño logro para todos, ya que también nos contagiamos de la emoción de Geir. Este estaba atento a todo ser vivo que apareciera delante de las cámaras del Barracuda 1, mientras que Olve seguía concentrado maniobrando, algo nada sencillo en esas condiciones marinas. Mientras tanto, yo miraba detenidamente las formaciones de arrecife, rocosas y del fondo en busca de algún patrón que me permitiera reconocer la posibilidad de que hubiera algún resto arqueológico ahí, aunque ya sabía de antemano que no íbamos a encontrar nada.

Llevábamos dos horas ya de observación, quedaba muy poco para terminar esa fase y volver a ascender al Barracuda 1 cuando sucedió. Acabábamos de encontrar una especie de pozo, de apertura en medio de un desnivel de unos treinta metros. Tanto a Geir como a mi nos llamó mucho la atención, a él por la posibilidad de que en su interior hubiera un ecosistema rico e, incluso la posibilidad de catalogar alguna especie nueva; y a mi porque siempre me han fascinado las formaciones subterráneas submarinas y quería comprobar si se entraba de un mero pozo o la entrada a un sistema de galerías más extenso.

Nyocema en detalle. Este pez alargado de color naranja y muy raro fue visto tanto en la cueva de Niflheim como en otros puntos abisales del Atlántico.
Olve introdujo al Barracuda 1 con mucho cuidado, ya que cualquier desprendimiento o impacto podría dañar severamente al robot y esa visita no entraba exactamente dentro de las competencias de nuestra misión. Se trataba de una gruta bastante grande, de unos veinte metros de altura y cuarenta de largo por treinta de ancho. El fondo estaba dominado por arena muy pálida. Por doquier había pequeñas colonias coralinas y Geir hizo su primer gran descubrimiento de la misión con un extraño pez alargado de color naranja, que más adelante recibiría el nombre de 'neocyema'. También encontramos un curioso pulpo de tonalidades azules que mostró una gran curiosidad por el Barracuda 1.

Lo que pasó es que al adentrarse el robot submarino dentro, las aspas de sus impulsores removieron una parte del fondo de la caverna y levantaron bastante 'polvo'. Hubo un momento en que la visibilidad se redujo considerablemente, por lo que decidimos que en cuanto mejorara mínimamente iniciaríamos la maniobra de ascenso a la superficie. Cuando por fin mejoró la visibilidad Olve dirigió al Barracuda 1 a la salida y entonces fue cuando lo vi, un reflejo que llamó mi atención. Nos había pasado desapercibido antes porque debía estar enterrado bajo la capa de polvo submarino pero ahora destacaba, era una pequeña formación esférica que a pesar de tener coral alrededor me llamó la atención y me dio la sensación de no ser algo natural que perteneciera a ese lugar.

Pulpo abisal. Este animal mostró una gran curiosidad por el Barracuda 1 cuando entró en la cueva de Nifhlheim.
Acercamos al Barracuda 1 para ver mejor, cuando estuvo a un metro, Olve utilizó uno de los brazos robóticos para tantear la formación. El brazo se extendió y abrió sus pinzas para rodear la especie de esfera, tras cerrarse suavemente sobre ella intentó tirar. No hubo éxito, estaba fijada al suelo, pero pudimos ver como se removía todo el suelo alrededor, como si estuviera unida a algo más grande pero que no era el fondo marino ni rocas. No podía creer lo que estaba viendo pero todo apuntaba a que nos encontrábamos ante unos extraños restos arqueológicos. ¿De qué? En ese momento no me podía hacer la más remota idea.

Esto es todo por esta entrega seguidores de Hyperborea Existe, en el próximo capítulo narraré que fue lo que sucedió y los primeros hallazgos que realizamos en la cueva de Niflheim, nombre que le pusimos a la gruta en honor a uno de los mundos de la mitología nórdica. Como siempre agradeceros a todos vuestro apoyo y, sobretodo vuestra paciencia por mi tardanza en actualizar. ¡Un abrazo enorme!

jueves, 3 de marzo de 2011

Toda historia tiene un principio (II)

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, ha pasado más de un mes desde que me dirigí a vosotros por última vez, parece ser que los dioses se empeñen en evitar que actualice más frecuentemente pero tranquilos, que no desfallezco y aunque tarde seguiré manteniéndome en contacto con vosotros a través de este blog, con el único fin de descubrir la verdad. En mi última actualización inicié el relato de como me impliqué realmente con el mito de Hyperborea, hoy os traigo la segunda parte del mismo.

Tal como os adelanté el 7 de junio del año 2000 nos hicimos a la mar en el Blue Sea desde el puerto de Bodø, en el norte de Noruega, mis compañeros del NTNU Geir Grønvoll y Olve Raaen. El primero es un reputado experto en ecosistemas submarinos y el segundo  técnico especialista en robótica aplicada, es decir, nuestro maestro de los Barracudas 1 y 2, nuestros robots submarinos con los que ver de primera mano lo que hay en las profundidades. Yo iba en calidad de experto en arqueología submarina en caso de encontrar cualquier resto en la ruta señalada. En estos casos sucede como cuando se diseña la construcción de una autopista, previamente se tiene que hacer un estudio del impacto en el entorno y de determinar si afecta a algún resto arqueológico.

Esquema descriptivo de los elementos que componen un sistema de cable submarino.
En nuestro caso no esperábamos encontrar nada, ya que la ruta a seguir estaba alejada de todas las rutas marítimas convencionales y no había registros de ningún hundimiento en la zona, pero aún y así la normativa internacional obligaba a comprobarlo. Como os podéis imaginar no iba con muchas expectativas y, de mis compañeros, era el único que no esperaba encontrar gran cosa. Geir era el más entusiasta, ya que esta prospección iba a servirle de excusa para poder observar detenidamente ambientes marinos que de otra forma no habría podido debido a los costes necesarios. Estamos hablando de profundidades que oscilan entre los 1.000 metros y los 4.000 metros de media.

La primera semana fue bastante rutinaria. Nuestra ruta era rumbo norte-noroeste durante unos 1.000 kilómetros, tras los cuales tomaríamos rumbo este-sureste hasta llegar a Islandia. Se había desestimado la ruta directa al este ya que la Nordic Communications esperaba que ese cableado fuera una primera fase a la que seguiría otro que conectaría con Groenlandia. En el punto donde cambiaríamos de ruta estaba previsto que se instalara un interconectador que sirviera de puente entre Islandia, Groenlandia y el continente europeo en el futuro.

Cable submarino. Durante nuestras prospecciones desplegamos centenares de kilómetros de cable de acero de guía. Esta foto fue tomada por el Barracuda 1, uno de los dos robots submarinos que utilizamos durante el proyecto.
Nos despertábamos cada día sobre las 5-6 de la mañana para poder empezar a trabajar justo despuntaran los primeros rayos de sol. Nuestra rutina era la de ir de punto de camino a punto de camino (waypoints), en estos puntos, desplegábamos los Barracudas y hacíamos observaciones del fondo marino y el entorno para estudiar la viabilidad del "camino". Si era así se asignaba un nuevo punto de camino y el equipo de la Nordic Comms desplegaba el cable de acero guía que serviría para desplegar el final cuando terminara nuestro trabajo.

En nuestras observaciones nos centrábamos en diferentes aspectos, fauna local, flora, formaciones rocosas y coralinas y por mi parte, cualquier rastro de resto arqueológico que pudiera haber. El uso de los Barracudas facilitaba mucho la labor, antes de su desarrollo habría habido que ir con trajes presurizados y realizar inmersiones muy peligrosas o, directamente no comprobar in situ, donde se iba a trabajar con lo que se obviaría cualquier daño que se pudiera provocar. Esa primera semana fue bastante tranquila, sin ningún contratiempo como ya os he dicho, las cosas empezarían a ponerse interesantes durante la segunda semana. 

Pero esa parte la reservo para la siguiente actualización. Por hoy esto es todo, no puedo explayarme más ya que mis obligaciones me requieren. Estamos haciendo muchos progresos, cada vez está más cerca que podamos desvelar la verdad tras el mito de Hyperborea.

martes, 25 de enero de 2011

Toda historia tiene un principio (I)

Queridos seguidores de Hyperborea Existe espero que este inicio de año 2011 esté siendo muy provechoso para todos vosotros. Yo puedo decir que ha empezado tal como terminó el 2010, siendo un no parar de trabajar, lo cual, es algo muy positivo en los tiempos que corren. Hoy quiero empezar una serie de capítulos en los que quiero narrar, a modo de relato, el principio real de mi implicación como investigador en el mito de Hyperborea.Tal como digo en el título, toda historia tiene un principio, y este es el principio de la mía con Hyperborea.

Todo empezó hace más de diez años, era verano del año 2.000. Por aquel entonces ya llevaba más de ocho años como docente e investigador residente del NTNU (Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología). Repartía mi tiempo entre las clases de arqueología submarina y diferentes trabajos de campo que desarrollábamos para el gobierno de Noruega, diferentes instituciones y también para empresas privadas; todo ello a parte de nuestras propias investigaciones.

Edificio principal del NTNU en Trondheim, Noruega.


Como ya he dicho en anteriores ocasiones, desde pequeño siempre había tenido una especial predilección por la mitología nórdica, la de mi tierra, era y es un tema que me apasiona y nunca dejé de leer, estudiar e investigar en mis tiempos libres todo lo relacionado con la misma. En un mundo utópico, un investigador como yo debería poder vivir de sus sueños románticos dedicando su tiempo a investigar sobre ellos, pero en la vida que vivimos eso no es posible, de ahí que todos mis trabajos de campo tuvieran que estar alejados de ese área que tanto me interesaba.

No quiero decir que no encuentre interesante el rescate de pecios del siglo XVII o material de la Segunda Guerra Mundial, al revés, creo que todos los proyectos en los que había colaborado fueron muy gratificantes e importantes. Pero había algo dentro de mi que me decía que me faltaba algo, que necesitaba algo más para sentirme realizado como persona y profesional que se dedica a la investigación y exploración: un reto a la altura de mis inquietudes.

Parece que el destino decidió escuchar por fin mis deseos ocultos y en junio de 2000 el consorcio de Nordic Communications se puso en contacto con el NTNU para recibir ayuda en la realización de un estudio para ver la viabilidad y posterior supervisión del despliegue de cable submarino de fibra óptica para conectar los países nórdicos continentales con Islandia y las Islas Feroe. En total, el proyecto contemplaba el uso de más de 1.500km de cable submarino, sin duda uno de los proyectos de más envergadura en los que habíamos tenido la oportunidad de participar. Lo que teníamos que hacer, conjuntamente con la compañía contratada para llevar a cabo la 'obra' era hacer un estudio del mejor trazado, el impacto medioambiental en el fondo submarino y, en definitiva, cerciorarnos de la viabilidad del proyecto.

Mapa mostrando la red de cables submarinos a fecha de 2008 realizado por Telegeography

Para ello íbamos a llevar a cabo varias actuaciones. Primero un estudio por sonar y radar del fondo marino de la ruta sugerida por la Nordic Communications, que claramente estaba fomentada en el mayor ahorro de costes, es decir, la ruta más recta posible. Luego, una vez estudiados los resultados, si no era viable, estudiar rutas secundarias y repetir el primer paso. Si era viable, llevar un despliegue de prueba con un cable submarino de acero simple, que debería determinar las condiciones reales en el fondo marino y permitirnos detectar los puntos de mayor riesgo y que iban a requerir actuaciones adicionales a la hora de realizar el despliegue definitivo.

Así que tras todos los estudios preliminares cogimos el petate y nos embarcamos en el Blue Sea, el barco fletado por la Nordic Communications. Me acompañaban mis compañeros del NTNU Geir Grønvoll y Olve Raaen y los dos pequeños, pero muy útiles, mini robots submarinos Barracuda 1 y Barracuda 2 del NTNU, que iban a ser imprescindibles para la observación directa de lo que sucediera en el fondo marino al desplegar el cable de acero de prueba.

Era el 7 de junio de 2000, nos esperaba un mes de mucho trabajo en alta mar...

Continuará...