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martes, 1 de mayo de 2012

Toda historia tiene un principio (VIII)

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, vuelvo a ponerme en contacto con vosotros para proseguir con mi crónica de 'Toda historia tiene un principio'. Tal como os adelanté en mi última entrada, tras el varapalo recibido en la Comisión de Expertos del NTNU, no nos quedó otra que pasar el resto del verano de 2000 dedicados a otros proyectos mientras esperábamos con ansias que llegara el mes de septiembre.

Cuando por fin llegó el momento de iniciar nuestra nueva expedición a la cueva de Niflheim tuvimos que hacer frente a varios retos. Primero el bajo presupuesto otorgado por el NTNU, que no nos daba mucho margen de maniobra. A pesar de ello, tiramos de contactos y favores personales y, finalmente, logramos zarpar con una embarcación mediana, el 'Ice Dawn'. Este viejo barco, había sido un pesquero que se había reconvertido para tareas de investigación. Aunque en principio solo nos habían autorizado y dado fondos para delimitar el perímetro del pecio, habíamos conseguido los medios para hacer algo más. A bordo llevábamos uno de los robots submarinos Barracuda de la Nordic Communications. Eso sí, esta vez adaptado perfectamente para la labor de recogida de muestras y exploración del terreno. Por lo que íbamos a intentar alargar nuestra estancia lo posible, teniendo en cuenta las condiciones meteorológicas, para ver que podíamos conseguir.

Imagen de sonar de la zona de la fractura de Jan Mayen mostrando la  localización de la abertura de la cueva de Niflheim.
Tras varios días de travesía llegamos Olve, Geir y servidor, junto a la tripulación del 'Ice Dawn' a las coordenadas de la cueva de Niflheim. Las condiciones del tiempo no eran las mejores, por lo que nos pusimos manos a la obra. Lo primero fue delimitar todo el perímetro de la zona de la Cueva de Niflheim con el sonar. Esa región era conocida por formar parte de la famosa cresta de Jan Mayen, una isla situada 400km al norte y que como conté en anteriores entradas, luego sería uno de nuestros principales focos de trabajo de campo sobre esta investigación. Como podéis ver en la imagen la entrada de la cueva de Niflheim era un apertura alargada, como una grieta, en el lado de un montículo submarino, que hace mucho tiempo fue una chimenea volcánica.

Una vez tomadas las imágenes del perímetro, equipamos al Barracuda con el sonar e iniciamos la primera inmersión para regresar a la cueva de Niflheim. A primera vista parecía que todo estaba tal como lo habíamos dejado en nuestra anterior visita. Empezamos a tomar diferentes imágenes localizadas por cuadrantes de todo el fondo de la cueva y la parte donde estaba la que habíamos llamado como Quilla de Odín. Así nos tiramos toda la primera jornada de trabajo. Por la noche nos dedicamos a revisar todas las imágenes del sonar. En un primer análisis pudimos determinar que la Quilla de Odín no era más que la punta de un iceberg. La mayor parte de la estructura del pecio se encontraba bajo la superficie, protegida por capas de lodo, tierra y rocas. Esta conclusión fue desmoralizadora, ya que si ya de por sí esas condiciones habrían supuesto una compleja prospección arqueológica en la superficie, a esa profundidad hacía que el coste de recuperarlo fuera astronómico, fuera de nuestro alcance.

Ya casi habíamos terminado cuando Olve se fijó en una de las imágenes de otra zona de la cueva, la más apartada de la Quilla de Odín. Había una especie de montículo, de protuberancia muy extraña y que parecía fuera de lugar, pero a la vez no nos dio la impresión de poder pertenecer a la estructura del pecio. La imagen del sonar no era nada clara, pero parecía una especie de superficie circular de un metro de diámetro. ¿Estábamos ante un objeto del pecio o algún extraño artefacto de su carga?

Abajo, izquierda. Imagen de sonar del extraño disco que encontramos en la cueva de Niflheim.
Aunque habíamos planeado usar al Barracuda para extraer un fragmento grande de la Quilla de Odín, decidimos darle prioridad a nuestro nuevo descubrimiento. Al día siguiente, preparamos adecuadamente al Barracuda y miramos ansiosos como iba descendiendo lentamente por las profundidades hasta llegar a la cueva de Niflheim. Nuestro robot iba equipado con dos brazos y una pala grande. En uno de los brazos llevaba una pinza de sujeción y en el otro una sierra para cortar roca. Cuando el Barracuda se acercó pudimos verlo mejor, era una superficie circular que destacaba del fondo marino. Al acercarse el robot, se levantó mucho polvo y pudimos ver las incrustaciones de rocas, flora y crustáceos por toda su superficie.

Al extender la pinza pudimos comprobar como la parte superior se estremecía con el contacto. No se trataba de un cubo, sino de una especie de disco suelto. Parecía más liviano de lo que habíamos pensado al principio, ya que se movía levemente con cada contacto de la pinza. Finalmente, tanteamos todo su perímetro y fuimos haciendo incisiones en la roca para intentar separarlo de ella. Ahí estaba lo que habíamos estado buscando, un objeto que podría ser la clave que demostrara que nuestra investigación tenía sentido y no perseguíamos fantasmas. Pero el Barracuda no estaba preparado para poder cargar con el disco, temíamos que su pinza no fuera suficiente para realizar un ascenso seguro. Íbamos a tener que pensar en otra forma de alzarlo a la superficie...

Hasta aquí lo dejo queridos seguidores de Hyperborea Existe, espero proseguir con mi crónica muy pronto. Ya cada vez quedan menos piezas por descubrir para recomponer este rompecabezas que supone el mito de Hyperborea. Estoy convencido de que pronto podremos descubrir la verdad tras el mito y revelar al mundo que la civilización Hyperborea existió. Muchas gracias por vuestro apoyo continuado..

lunes, 16 de abril de 2012

Toda historia tiene un principio (VII)

Queridos seguidores de Hyperborea Existe prosigo con la crónica de 'Toda historia tiene un principio'. En mi última entrada os desvelé el resultado de la prueba de Carbono-14 que realizamos a las muestras tomadas a la Quilla de Odín, en la cueva de Niflheim. Se repitieron tres veces las pruebas, y todas eran concluyentes, las muestras reflejaban una antigüedad cercana o superior a los 60.000 años. Estábamos ante un dilema nunca antes planteado: Eran los restos arqueológicos avanzados más antiguos jamás encontrado, o las muestras habían sufrido algún tipo de contaminación, que no lográbamos detectar, y por ello mostraban un resultado alterado y casi imposible.

Era evidente que este enigma nos superaba, así que con toda la documentación solicitamos que se convocara una reunión urgente de la Comisión de Expertos del NTNU para valorarlo. En ella defendimos arduamente nuestro trabajo, los procedimientos y la veracidad de las muestras. Había voces suspicaces que decían que nos habíamos inventado todo para conseguir atención mediática. Por suerte para nosotros, contamos con el testimonio del personal de la Nordic Communications, que estuvieron a bordo con nosotros en el Blue Sea cuando encontramos la cueva de Nifllheim.

Foto que tomé a varios de los expertos del NTNU durante la comisión de investigación sobre  las muestras encontradas en la cueva de Niflheim.
Me gustaría deciros que fue un éxito, que convencimos a todos nuestros colegas y se aprobó un proyecto para ir a recuperar ese yacimiento. Pero el rechazo y la hostilidad fueron totales, nadie daba crédito a los resultados del Carbono-14, su veracidad implicaba una realidad que iba en contra de todo lo establecido por la historia, y  nadie quería saltar a los medios siendo tachado de loco visionario. Aún así, logramos hacer entender la importancia de un hallazgo de ese tipo, fuera de hace 60.000 años o de solo 1.000. Por lo que tras muchas negociaciones, el NTNU autorizó una pequeña partida de presupuesto para volver a la cueva de Nifleim.

Lamentablemente, lo único que nos iban a permitir es recoger algunas muestras más y establecer un perímetro de todo el yacimiento, para determinar su envergadura total. Nos autorizaron a llevar un sonar submarino con el que poder establecer la estructura del supuesto pecio bajo la superficie. Olve, Geir y yo salimos de la reunión fatigados y con un sabor agridulce. Aún con todo, estábamos esperanzados por tener una nueva oportunidad para regresar. Teníamos la firme convicción de que encontraríamos una prueba contundente que respaldara nuestra tesis.

A pesar de que nosotros queríamos partir de inmediato, no autorizaron nuestra alocada expedición hasta septiembre de 2.000, ya que teníamos varios compromisos que no podíamos omitir. Así que durante el mes y pico que tuvimos que esperar, aproveché todo hueco libre para investigar e intentar determinar a quién podía pertenecer un pecio así. De esta forma, fue como volví a reencontrarme con las historias que me habían contado de pequeño de la civilización Hyperborea. Según leía más sobre los mitos y leyendas alrededor de esta civilización, de todas las fuentes, desde griegas a chinas. Más me convencía de que quizás había algo de verdad tras la leyenda. Todo parecía encajar, el periodo de tiempo, la situación aproximada. Sabía que mis colegas me tacharían de loco, así que me reservé mis conclusiones. Pero cada vez tenía más claro de que quizás, la Quilla de Odín, no era otra cosa que los restos de una embarcación Hyperborea.

Uno de los muchos mapas antiguos en los que aparece Hyperborea, en este se creía que se encontraba en la actual Rusia. La versión más generalizada entre las civilizaciones antiguas es que se encontraba en una isla al norte o noroeste de Europa.
Hasta que no volviéramos a la cueva de Niflheim no podría tener más certezas, me tocó ser muy paciente y combatir la impaciencia y la emoción de estar ante el que podría ser el mayor descubrimiento arqueológico de la humanidad.

Hasta aquí llego por hoy queridos seguidores de Hyperborea Existe. Espero proseguir esta crónica muy pronto, ya que es mi deseo poder concluirla antes de presentar toda mi investigación. Como siempre, gracias por vuestro apoyo continuado. 

jueves, 23 de febrero de 2012

Toda historia tiene un principio (V)

Casi un mes después de mi última actualización vuelvo con vosotros para proseguir la crónica de 'Toda historia tiene un principio. Como ya os podéis imaginar seguimos enfrascados en la recopilación de datos para el proyecto. ¡Ya queda menos! Estoy pendiente también de conseguir cita para ir a la comisión de Ciencia e Investigación del Parlamento de Noruega. Ahí queremos presentar el resultado de nuestro trabajo y conseguir el apoyo económico e institucional que nos falta para poder dar el último paso. El que tantos años hemos soñado con dar...

Esponja marina en la Cueva de Niflheim, cerca de la Quilla de Odín.
Pero antes que eso, hay que proseguir con la historia que empezó toda esta aventura. Tras nuestro hallazgo inicial logramos paralizar el proyecto de la Nordic Communications para poder documentar todo lo posible el sitio de los restos. Habríamos querido quedarnos más tiempo, pero la compañía presionó para que siguiéramos con la ruta prevista y se marcara la cueva de Niflheim para evitarla cuando colocaran el cable submarino. Todos nuestros intentos de convencer al NTNU de que ese hallazgo era de gran importancia cayeron en saco roto. Nos ordenaron terminar el proyecto de la Nordic Communications y, en todo caso, a nuestro regreso se estudiarían todas las muestras y datos para determinar la viabilidad de una expedición para estudiar los restos.

Antes de abandonar la zona, logramos recuperar pequeños fragmentos de la que empezamos a llamar la Quilla de Odín. A bordo no contábamos con el material adecuado, tan solo un pequeño microscopio, pero las primeras observaciones despertaron nuestra imaginación. Aún no sabíamos que antigüedad podían tener, pero parecía ser muy, muy antigua. Además, no logramos determinar su composición química, parecía una extraña mezcla entre un metal, que no supimos reconocer, y madera reforzada, de una forma que nunca habíamos visto antes.

A bordo tan solo contábamos con un microscopio básico para examinar las muestras recuperadas de la Cueva de Niflheim.
No puedo describiros la sensación de frustración que tuvimos Olve, Geir y yo por tener que abandonar ese hallazgo. Al haber empezado a trabajar en él lo habíamos expuesto a las condiciones cambiantes del océano y aunque regresáramos, nada nos aseguraba que no se hubiesen deteriorado los restos. Pero no había otra, tuvimos que armarnos de paciencia, proseguir con las pruebas del cableado y esperar a regresar al NTNU donde examinar con mejores equipos las muestras, sobre todo poder hacer la prueba del Carbono 14, para determinar su antigüedad.

No regresamos hasta el 12 de julio de 2000, más de un mes después de haber partido. Volvimos con la emoción de poder investigar de verdad nuestro gran descubrimiento. Nadie nos podría haber dicho que las pruebas del Carbono 14 nos dirían lo que nos dijeron...

Eso es todo por hoy, otro día proseguiré con esta crónica, hay mucho que hacer. Como siempre agradeceros a todos por vuestro apoyo y fidelidad.

jueves, 19 de enero de 2012

Toda historia tiene un principio (IV)

Sigo vivo, sí, reconozco que he tenido que dejar descuidado el blog durante varios meses, pero os aseguro que ha sido por un buen motivo. La campaña veraniega de 2011 ha superado todas nuestras expectativas. Nuestras inmersiones cerca de Jan Mayen sacaron a la luz datos y muestras que han reforzado aún más nuestras sospechas. Durante los meses siguientes hemos tenido que encerrarnos para recopilar todos los datos, información y restos para preparar nuestro informe. Esperamos poder presentarlo ante la comisión de ciencia y tecnología del parlamento de Noruega en unos meses. Si conseguimos convencerlos y obtener los fondos económicos que necesitamos, podremos demostrar por fin lo que hemos estado soñando todos desde hace tantos años: La civilización Hyperborea existió.

Pero no podemos correr, hay que atar todos los cabos para presentar el proyecto lo más sólido posible. Os pido paciencia. Hasta que no hayamos presentado nuestro trabajo no voy a poder desvelaros nada concreto aquí. Aunque lo que sí que quiero hacer es proseguir con mi crónica de como empezó esta aventura, retomando el último capítulo que escribí en mayo de 2011.

Os pongo en antecedentes, estaba enrolado junto con mis colegas Geir Grønvoll y Olve Raaen en una expedición para supervisar el despliegue de un cableado submarino para la empresa Nordic Communications. En una de las inmersiones de uno de nuestros drones submarinos, el Barracuda 1, encontró algo en una misteriosa cueva submarina...

Fumarola volcánica situada cerca de la entrada a la cueva de Niflheim. 
El Barracuda 1 removió la arena del fondo de la cueva y dejó entrever algo que nuestros ojos no pudieron dar crédito. Olve, Geir y yo nos miramos estupefactos, creyendo estar bajo los efectos de una alucinación. Efectivamente, estábamos viendo sobresalir del fondo marino una especie de estructura alargada, que era imposible que fuera de origen natural. Evidentemente, dimos la voz de alarma y nos pusimos en contacto con la Nordic Communications y el NTNU. Las imágenes que enviamos eran pruebas irrefutables de que habíamos encontrado un hallazgo arqueológico submarino que no solo merecía desviar el cableado sino abrir una investigación propia.

Estaba claro que no íbamos a recibir una respuesta inmediata, pero conseguimos paralizar el proyecto durante una semana para poder recabar toda la información posible y, de ser posible, recuperar alguna muestra con los Barracuda. Nuestros robots submarinos no estaban equipados exactamente para ese tipo de trabajo, pero Olve logró adaptar sus pinzas para poder agarrar objetos y aligeró la estructura lo suficiente para poder cargar con material de vuelta a la superficie.

Render de un Drakkar vikingo.
Los primeros días nos dedicamos a establecer un perímetro de trabajo para ir limpiando de arena el fondo alrededor de la estructura para poder delimitar mejor su alcance y tamaño. Al cuarto día de trabajo fue evidente que nos encontrábamos con algo muy parecido a la quilla de un barco. Usando la imaginación nos recordaba a la de un barco Drakkar vikingo, aunque salvando las diferencias, ya que esto parecía algo mucho más diferente y, lo más sorprendente, antiguo. Aunque hasta que no hiciéramos las pruebas del Carbono 14 no  íbamos a poder determinar su antigüedad real. En ese momento, no podíamos ni siquiera imaginar lo que descubriríamos...

Ilustración de un Drakkar vikingo
Finalizo aquí este capítulo de mi crónica de Toda historia tiene un principio. Espero poder compartir con vosotros el siguiente muy pronto. Las cosas se están precipitando ahora pero la parte más dura de trabajo ya se ha completado. Estoy agotado pero muy ilusionado. Siento nervios en el estómago al pensar que cada vez está más cerca el día en el que pueda presentar el resultado de mi mayor trabajo e investigación tras cerca de doce años de esfuerzos. ¿Será aceptada? ¿Creará un terremoto en los estamentos de la arqueología? ¿Me tacharán de loco? 

Habrá que esperar para conocer la respuesta de esas preguntas. Hasta entonces, agradeceros como siempre vuestro constante apoyo seguidores de Hyperborea Existe. Ya sois más de seiscientos los que me seguís en Facebook. Un abrazo.

jueves, 3 de marzo de 2011

Toda historia tiene un principio (II)

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, ha pasado más de un mes desde que me dirigí a vosotros por última vez, parece ser que los dioses se empeñen en evitar que actualice más frecuentemente pero tranquilos, que no desfallezco y aunque tarde seguiré manteniéndome en contacto con vosotros a través de este blog, con el único fin de descubrir la verdad. En mi última actualización inicié el relato de como me impliqué realmente con el mito de Hyperborea, hoy os traigo la segunda parte del mismo.

Tal como os adelanté el 7 de junio del año 2000 nos hicimos a la mar en el Blue Sea desde el puerto de Bodø, en el norte de Noruega, mis compañeros del NTNU Geir Grønvoll y Olve Raaen. El primero es un reputado experto en ecosistemas submarinos y el segundo  técnico especialista en robótica aplicada, es decir, nuestro maestro de los Barracudas 1 y 2, nuestros robots submarinos con los que ver de primera mano lo que hay en las profundidades. Yo iba en calidad de experto en arqueología submarina en caso de encontrar cualquier resto en la ruta señalada. En estos casos sucede como cuando se diseña la construcción de una autopista, previamente se tiene que hacer un estudio del impacto en el entorno y de determinar si afecta a algún resto arqueológico.

Esquema descriptivo de los elementos que componen un sistema de cable submarino.
En nuestro caso no esperábamos encontrar nada, ya que la ruta a seguir estaba alejada de todas las rutas marítimas convencionales y no había registros de ningún hundimiento en la zona, pero aún y así la normativa internacional obligaba a comprobarlo. Como os podéis imaginar no iba con muchas expectativas y, de mis compañeros, era el único que no esperaba encontrar gran cosa. Geir era el más entusiasta, ya que esta prospección iba a servirle de excusa para poder observar detenidamente ambientes marinos que de otra forma no habría podido debido a los costes necesarios. Estamos hablando de profundidades que oscilan entre los 1.000 metros y los 4.000 metros de media.

La primera semana fue bastante rutinaria. Nuestra ruta era rumbo norte-noroeste durante unos 1.000 kilómetros, tras los cuales tomaríamos rumbo este-sureste hasta llegar a Islandia. Se había desestimado la ruta directa al este ya que la Nordic Communications esperaba que ese cableado fuera una primera fase a la que seguiría otro que conectaría con Groenlandia. En el punto donde cambiaríamos de ruta estaba previsto que se instalara un interconectador que sirviera de puente entre Islandia, Groenlandia y el continente europeo en el futuro.

Cable submarino. Durante nuestras prospecciones desplegamos centenares de kilómetros de cable de acero de guía. Esta foto fue tomada por el Barracuda 1, uno de los dos robots submarinos que utilizamos durante el proyecto.
Nos despertábamos cada día sobre las 5-6 de la mañana para poder empezar a trabajar justo despuntaran los primeros rayos de sol. Nuestra rutina era la de ir de punto de camino a punto de camino (waypoints), en estos puntos, desplegábamos los Barracudas y hacíamos observaciones del fondo marino y el entorno para estudiar la viabilidad del "camino". Si era así se asignaba un nuevo punto de camino y el equipo de la Nordic Comms desplegaba el cable de acero guía que serviría para desplegar el final cuando terminara nuestro trabajo.

En nuestras observaciones nos centrábamos en diferentes aspectos, fauna local, flora, formaciones rocosas y coralinas y por mi parte, cualquier rastro de resto arqueológico que pudiera haber. El uso de los Barracudas facilitaba mucho la labor, antes de su desarrollo habría habido que ir con trajes presurizados y realizar inmersiones muy peligrosas o, directamente no comprobar in situ, donde se iba a trabajar con lo que se obviaría cualquier daño que se pudiera provocar. Esa primera semana fue bastante tranquila, sin ningún contratiempo como ya os he dicho, las cosas empezarían a ponerse interesantes durante la segunda semana. 

Pero esa parte la reservo para la siguiente actualización. Por hoy esto es todo, no puedo explayarme más ya que mis obligaciones me requieren. Estamos haciendo muchos progresos, cada vez está más cerca que podamos desvelar la verdad tras el mito de Hyperborea.

martes, 25 de enero de 2011

Toda historia tiene un principio (I)

Queridos seguidores de Hyperborea Existe espero que este inicio de año 2011 esté siendo muy provechoso para todos vosotros. Yo puedo decir que ha empezado tal como terminó el 2010, siendo un no parar de trabajar, lo cual, es algo muy positivo en los tiempos que corren. Hoy quiero empezar una serie de capítulos en los que quiero narrar, a modo de relato, el principio real de mi implicación como investigador en el mito de Hyperborea.Tal como digo en el título, toda historia tiene un principio, y este es el principio de la mía con Hyperborea.

Todo empezó hace más de diez años, era verano del año 2.000. Por aquel entonces ya llevaba más de ocho años como docente e investigador residente del NTNU (Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología). Repartía mi tiempo entre las clases de arqueología submarina y diferentes trabajos de campo que desarrollábamos para el gobierno de Noruega, diferentes instituciones y también para empresas privadas; todo ello a parte de nuestras propias investigaciones.

Edificio principal del NTNU en Trondheim, Noruega.


Como ya he dicho en anteriores ocasiones, desde pequeño siempre había tenido una especial predilección por la mitología nórdica, la de mi tierra, era y es un tema que me apasiona y nunca dejé de leer, estudiar e investigar en mis tiempos libres todo lo relacionado con la misma. En un mundo utópico, un investigador como yo debería poder vivir de sus sueños románticos dedicando su tiempo a investigar sobre ellos, pero en la vida que vivimos eso no es posible, de ahí que todos mis trabajos de campo tuvieran que estar alejados de ese área que tanto me interesaba.

No quiero decir que no encuentre interesante el rescate de pecios del siglo XVII o material de la Segunda Guerra Mundial, al revés, creo que todos los proyectos en los que había colaborado fueron muy gratificantes e importantes. Pero había algo dentro de mi que me decía que me faltaba algo, que necesitaba algo más para sentirme realizado como persona y profesional que se dedica a la investigación y exploración: un reto a la altura de mis inquietudes.

Parece que el destino decidió escuchar por fin mis deseos ocultos y en junio de 2000 el consorcio de Nordic Communications se puso en contacto con el NTNU para recibir ayuda en la realización de un estudio para ver la viabilidad y posterior supervisión del despliegue de cable submarino de fibra óptica para conectar los países nórdicos continentales con Islandia y las Islas Feroe. En total, el proyecto contemplaba el uso de más de 1.500km de cable submarino, sin duda uno de los proyectos de más envergadura en los que habíamos tenido la oportunidad de participar. Lo que teníamos que hacer, conjuntamente con la compañía contratada para llevar a cabo la 'obra' era hacer un estudio del mejor trazado, el impacto medioambiental en el fondo submarino y, en definitiva, cerciorarnos de la viabilidad del proyecto.

Mapa mostrando la red de cables submarinos a fecha de 2008 realizado por Telegeography

Para ello íbamos a llevar a cabo varias actuaciones. Primero un estudio por sonar y radar del fondo marino de la ruta sugerida por la Nordic Communications, que claramente estaba fomentada en el mayor ahorro de costes, es decir, la ruta más recta posible. Luego, una vez estudiados los resultados, si no era viable, estudiar rutas secundarias y repetir el primer paso. Si era viable, llevar un despliegue de prueba con un cable submarino de acero simple, que debería determinar las condiciones reales en el fondo marino y permitirnos detectar los puntos de mayor riesgo y que iban a requerir actuaciones adicionales a la hora de realizar el despliegue definitivo.

Así que tras todos los estudios preliminares cogimos el petate y nos embarcamos en el Blue Sea, el barco fletado por la Nordic Communications. Me acompañaban mis compañeros del NTNU Geir Grønvoll y Olve Raaen y los dos pequeños, pero muy útiles, mini robots submarinos Barracuda 1 y Barracuda 2 del NTNU, que iban a ser imprescindibles para la observación directa de lo que sucediera en el fondo marino al desplegar el cable de acero de prueba.

Era el 7 de junio de 2000, nos esperaba un mes de mucho trabajo en alta mar...

Continuará...