domingo, 8 de abril de 2012

Toda historia tiene un principio (VI)

Ha pasado ya un buen tiempo desde mi última actualización. Sé que no hay excusa por teneros en vilo tanto tiempo, pero las cosas se han precipitado en las últimas semanas. Parece que mayo será el mes que tanto tiempo llevamos esperando, el momento en el que podremos presentar nuestra investigación y solicitar fondos para completarla. La fecha final aún no está cerrada, pero en cuanto la sepa me encargaré de compartirla con todos vosotros. Una vez que hayamos presentado nuestro trabajo, con todas las pruebas que hemos reunido en todos estos años, por fin podré compartirlo todo con vosotros y haceros partícipes de nuestro descubrimiento completo. Pero antes que eso, quiero proseguir con la historia que dio inicio a todo.

Edificio principal del complejo del NTNU
Como os relaté en la anterior entrada de Hyperborea Existe, el 12 de julio de 2000 regresamos de nuestra expedición con la Nordic Communications. Lo hicimos en un vuelo que tomamos en Islandia, ya que el Blue Sea, se iba a quedar ahí dos semanas por mantenimiento. Cuando llegamos al NTNU (Norwegian University of Science and Technology) en Trondheim, llevábamos con nosotros los restos que habíamos recuperado debidamente sellados para evitar cualquier contaminación ambiental. Como ya dije, a bordo del Blue Sea solo contábamos con un pequeño microscopio con el que poco pudimos determinar. Esperábamos que nuestros compañeros especialistas en el NTNU fueran capaces de encontrar algo que nos diera una pista de que tipo de pecio se trataba y su antigüedad.

En concreto teníamos dos muestras, una de un extraño metal y la otra de una especie de madera reforzada que nunca habíamos visto, ambos con roca y material fosilizado. Teníamos la esperanza de encontrar algún elemento orgánico fosilizado que nos permitiera realizar la prueba del Carbono-14 para realizar una datación de los restos. Para los que no lo sepáis, existen dos métodos principales para intentar determinar la antigüedad de algo, la prueba del Carbono-14, que solo se puede realizar con compuestos orgánicos y la de Potasio-Argón que, lamentablemente, solo se puede utilizar donde haya habido una erupción volcánica.

El laboratorio del NTNU se puso a trabajar con el fragmento de madera que les llevamos. Primero había que tratarlo. Debéis saber que el proceso de trabajo es muy complejo y laborioso, ya que hay que evitar en todo momento la contaminación del mismo. El más mínimo error podría alterar el resultado de las pruebas de Carbono-14, invalidándolas. Es por ello, que pusimos especial atención y cuidado en seguir todos los protocolos y asegurarnos de que la muestra llegaba completamente íntegra e inalterada al momento de realizar la datación por Carbono-14.

Para los que no sepáis en que consiste miraré os dejo aquí la descripción disponible en Wikipedia:

El método de datación por radiocarbono es la técnica basada en isótopos más fiable para conocer la edad de muestras orgánicas de menos de 60.000 años. Está basado en la ley de decaimiento exponencial de los isótopos radiactivos. El isótopo carbono-14 (14C) es producido de forma continua en la atmósfera como consecuencia del bombardeo de átomos de nitrógeno por neutrones cósmicos. Este isótopo creado es inestable, por lo que, espontáneamente, se transmuta en nitrógeno-14 (14N). Estos procesos de generación-degradación de 14C se encuentran prácticamente equilibrados, de manera que el isótopo se encuentra homogéneamente mezclado con los átomos no radiactivos en el dióxido de carbono de la atmósfera. El proceso de fotosíntesis incorpora el átomo radiactivo en las plantas, de manera que la proporción 14C/12C en éstas es similar a la atmosférica. Los animales incorporan, por ingestión, el carbono de las plantas. Ahora bien, tras la muerte de un organismo vivo no se incorporan nuevos átomos de 14C a los tejidos, y la concentración del isótopo va decreciendo conforme va transformándose en 14N por decaimiento radiactivo.
Infografía que explica el proceso de datación por Carbono-14.
La masa en isótopo 14C de cualquier espécimen disminuye a un ritmo exponencial, que es conocido: a los 5.730 años de la muerte de un ser vivo la cantidad de 14C en sus restos se ha reducido a la mitad. Así pues, al medir la cantidad de radiactividaden una muestra de origen orgánico, se calcula la cantidad de 14C que aún queda en el material. Así puede ser datado el momento de la muerte del organismo correspondiente. Es lo que se conoce como "edad radiocarbónica" o de 14C, y se expresa enaños BP (Before Present). Esta escala equivale a los años transcurridos desde la muerte del ejemplar hasta el año 1950 de nuestro calendario. Se elige esta fecha por convenio y porque en la segunda mitad del siglo XX los ensayos nucleares provocaron severas anomalías en las curvas de concentración relativa de los isótopos radiactivos en la atmósfera.
Al comparar las concentraciones teóricas de 14C con las de muestras de maderas de edades conocidas mediante dendrocronología, se descubrió que existían diferencias con los resultados esperados. Esas diferencias se deben a que la concentración de carbono radiactivo en la atmósfera también ha variado respecto al tiempo. Hoy se conoce con suficiente precisión (un margen de error de entre 1 y 10 años) la evolución de la concentración de 14C en los últimos 15.000 años, por lo que puede corregirse esa estimación de edad comparándolo con curvas obtenidas mediante interpolación de datos conocidos. La edad así hallada se denomina "edad calibrada" y se expresa en años Cal BP.
Mientras esperamos a que estuvieran listos los resultados estuvimos centrados en la muestra de metal que extrajimos. Sin duda estábamos ante una aleación que nunca habíamos visto en ningún pecio ni yacimiento. Llamamos a varios colegas expertos en metales y coincidieron con nosotros, no era nada visto hasta la fecha. Íbamos a necesitar hacer más pruebas con un espectrómetro de masas para determinar su composición exacta. Lo que estaba claro es que era un metal duradero y resistente. La verdad es que cuanto más intentábamos profundizar sobre los restos más confundidos estábamos. Por un lado estábamos convencidos de que debía tener una gran antigüedad, entre mil y dos mil años. Por el otro, el metal era demasiado complejo, era imposible que se hubiera trabajado con la tecnología existente hace dos mil años. Ni siquiera con la de hace unos pocos siglos. Ya no sabíamos que pensar, si estábamos frente a un antiguo drakkar vikingo, o bien ante un resto mucho más moderno que nos hubiese engañado por completo.

Carrusel de muestras para la datación por Carbono-14.
Creíamos que el enigma se resolvería con los resultados de la datación por Carbono-14, pero cuando nos los dieron, todo fue una locura. Como ya os he puesto en la descripción de este procedimiento, con el Carbono-14 se puede determinar la antigüedad de una sustancia orgánica de hasta 60.000 años, con un rango de error determinado y que puede ser compensado. Bien, el problema de los resultados obtenidos era que la muestra presentada indicaba tener una antigüedad cercana a los 60.000 años. Estaba en el límite del rango analizable. Pedimos que nos repitieran la prueba, pero nos confirmaron que ya lo habían hecho tres veces. No había error.

¿Nos encontrábamos ante uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de la historia, por las implicaciones que tenía? ¿O no era más que un error o una broma pesada? Lo que teníamos claro es que nuestros superiores en el NTNU iban a ser extremadamente escépticos... Pero esa parte la compartiré con vosotros en la próxima actualización, que será muy pronto.

Muchas gracias por vuestro apoyo continuado, cada vez está más cerca la revelación de la verdad. Tan solo os pido un poco más de paciencia. En cuanto llegue el momento estaré encantado de compartir con vosotros todo mi material. Hasta pronto seguidores de Hyperborea Existe.

jueves, 23 de febrero de 2012

Toda historia tiene un principio (V)

Casi un mes después de mi última actualización vuelvo con vosotros para proseguir la crónica de 'Toda historia tiene un principio. Como ya os podéis imaginar seguimos enfrascados en la recopilación de datos para el proyecto. ¡Ya queda menos! Estoy pendiente también de conseguir cita para ir a la comisión de Ciencia e Investigación del Parlamento de Noruega. Ahí queremos presentar el resultado de nuestro trabajo y conseguir el apoyo económico e institucional que nos falta para poder dar el último paso. El que tantos años hemos soñado con dar...

Esponja marina en la Cueva de Niflheim, cerca de la Quilla de Odín.
Pero antes que eso, hay que proseguir con la historia que empezó toda esta aventura. Tras nuestro hallazgo inicial logramos paralizar el proyecto de la Nordic Communications para poder documentar todo lo posible el sitio de los restos. Habríamos querido quedarnos más tiempo, pero la compañía presionó para que siguiéramos con la ruta prevista y se marcara la cueva de Niflheim para evitarla cuando colocaran el cable submarino. Todos nuestros intentos de convencer al NTNU de que ese hallazgo era de gran importancia cayeron en saco roto. Nos ordenaron terminar el proyecto de la Nordic Communications y, en todo caso, a nuestro regreso se estudiarían todas las muestras y datos para determinar la viabilidad de una expedición para estudiar los restos.

Antes de abandonar la zona, logramos recuperar pequeños fragmentos de la que empezamos a llamar la Quilla de Odín. A bordo no contábamos con el material adecuado, tan solo un pequeño microscopio, pero las primeras observaciones despertaron nuestra imaginación. Aún no sabíamos que antigüedad podían tener, pero parecía ser muy, muy antigua. Además, no logramos determinar su composición química, parecía una extraña mezcla entre un metal, que no supimos reconocer, y madera reforzada, de una forma que nunca habíamos visto antes.

A bordo tan solo contábamos con un microscopio básico para examinar las muestras recuperadas de la Cueva de Niflheim.
No puedo describiros la sensación de frustración que tuvimos Olve, Geir y yo por tener que abandonar ese hallazgo. Al haber empezado a trabajar en él lo habíamos expuesto a las condiciones cambiantes del océano y aunque regresáramos, nada nos aseguraba que no se hubiesen deteriorado los restos. Pero no había otra, tuvimos que armarnos de paciencia, proseguir con las pruebas del cableado y esperar a regresar al NTNU donde examinar con mejores equipos las muestras, sobre todo poder hacer la prueba del Carbono 14, para determinar su antigüedad.

No regresamos hasta el 12 de julio de 2000, más de un mes después de haber partido. Volvimos con la emoción de poder investigar de verdad nuestro gran descubrimiento. Nadie nos podría haber dicho que las pruebas del Carbono 14 nos dirían lo que nos dijeron...

Eso es todo por hoy, otro día proseguiré con esta crónica, hay mucho que hacer. Como siempre agradeceros a todos por vuestro apoyo y fidelidad.

jueves, 19 de enero de 2012

Toda historia tiene un principio (IV)

Sigo vivo, sí, reconozco que he tenido que dejar descuidado el blog durante varios meses, pero os aseguro que ha sido por un buen motivo. La campaña veraniega de 2011 ha superado todas nuestras expectativas. Nuestras inmersiones cerca de Jan Mayen sacaron a la luz datos y muestras que han reforzado aún más nuestras sospechas. Durante los meses siguientes hemos tenido que encerrarnos para recopilar todos los datos, información y restos para preparar nuestro informe. Esperamos poder presentarlo ante la comisión de ciencia y tecnología del parlamento de Noruega en unos meses. Si conseguimos convencerlos y obtener los fondos económicos que necesitamos, podremos demostrar por fin lo que hemos estado soñando todos desde hace tantos años: La civilización Hyperborea existió.

Pero no podemos correr, hay que atar todos los cabos para presentar el proyecto lo más sólido posible. Os pido paciencia. Hasta que no hayamos presentado nuestro trabajo no voy a poder desvelaros nada concreto aquí. Aunque lo que sí que quiero hacer es proseguir con mi crónica de como empezó esta aventura, retomando el último capítulo que escribí en mayo de 2011.

Os pongo en antecedentes, estaba enrolado junto con mis colegas Geir Grønvoll y Olve Raaen en una expedición para supervisar el despliegue de un cableado submarino para la empresa Nordic Communications. En una de las inmersiones de uno de nuestros drones submarinos, el Barracuda 1, encontró algo en una misteriosa cueva submarina...

Fumarola volcánica situada cerca de la entrada a la cueva de Niflheim. 
El Barracuda 1 removió la arena del fondo de la cueva y dejó entrever algo que nuestros ojos no pudieron dar crédito. Olve, Geir y yo nos miramos estupefactos, creyendo estar bajo los efectos de una alucinación. Efectivamente, estábamos viendo sobresalir del fondo marino una especie de estructura alargada, que era imposible que fuera de origen natural. Evidentemente, dimos la voz de alarma y nos pusimos en contacto con la Nordic Communications y el NTNU. Las imágenes que enviamos eran pruebas irrefutables de que habíamos encontrado un hallazgo arqueológico submarino que no solo merecía desviar el cableado sino abrir una investigación propia.

Estaba claro que no íbamos a recibir una respuesta inmediata, pero conseguimos paralizar el proyecto durante una semana para poder recabar toda la información posible y, de ser posible, recuperar alguna muestra con los Barracuda. Nuestros robots submarinos no estaban equipados exactamente para ese tipo de trabajo, pero Olve logró adaptar sus pinzas para poder agarrar objetos y aligeró la estructura lo suficiente para poder cargar con material de vuelta a la superficie.

Render de un Drakkar vikingo.
Los primeros días nos dedicamos a establecer un perímetro de trabajo para ir limpiando de arena el fondo alrededor de la estructura para poder delimitar mejor su alcance y tamaño. Al cuarto día de trabajo fue evidente que nos encontrábamos con algo muy parecido a la quilla de un barco. Usando la imaginación nos recordaba a la de un barco Drakkar vikingo, aunque salvando las diferencias, ya que esto parecía algo mucho más diferente y, lo más sorprendente, antiguo. Aunque hasta que no hiciéramos las pruebas del Carbono 14 no  íbamos a poder determinar su antigüedad real. En ese momento, no podíamos ni siquiera imaginar lo que descubriríamos...

Ilustración de un Drakkar vikingo
Finalizo aquí este capítulo de mi crónica de Toda historia tiene un principio. Espero poder compartir con vosotros el siguiente muy pronto. Las cosas se están precipitando ahora pero la parte más dura de trabajo ya se ha completado. Estoy agotado pero muy ilusionado. Siento nervios en el estómago al pensar que cada vez está más cerca el día en el que pueda presentar el resultado de mi mayor trabajo e investigación tras cerca de doce años de esfuerzos. ¿Será aceptada? ¿Creará un terremoto en los estamentos de la arqueología? ¿Me tacharán de loco? 

Habrá que esperar para conocer la respuesta de esas preguntas. Hasta entonces, agradeceros como siempre vuestro constante apoyo seguidores de Hyperborea Existe. Ya sois más de seiscientos los que me seguís en Facebook. Un abrazo.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Diez años investigando a los Neandertales que habitaron Madrid

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, vuelvo a vosotros tras una larga ausencia causada por la acumulación de trabajo y la campaña veraniega de investigación de campo en alta mar y en la isla de Jan Mayen. Son muchos los datos recopilados y cosas que quiero contaros, pero hasta que no finalicemos toda la recopilación, atemos todos los cabos sueltos y terminemos el dossier completo, compuesto por centenares de fotografías, videos, pruebas documentales y restos rescatados... me temo que voy a seguir espaciando mis actualizaciones.

He tenido la oportunidad de venir a Madrid unos días para ver a mi esposa y reunirme con buenos colegas españoles para compartir impresiones. Es por eso que hoy quiero actualizar el blog hablando de unos grandes profesionales y colegas, Enrique Baquedano, Juan Luis Arsuaga y Alfredo Pérez-González. Ellos tres son los codirectores del proyecto científico que estudia los yacimientos paleontológicos de Pinilla del Valle. Celebran su décimo aniversario de trabajo y gracias a ellos, y al excelente equipo de profesionales que los ayudan hoy podemos saber mucho más sobre los Neandertales.

Es por ello que quiero transcribir la noticia que les ha dedicado El Mundo sobre su trabajo, se lo merecen:

Juan Luis Arsuaga con sus colegas en el yacimiento de Pinilla del Valle. | A. Heredia 
Juan Luis Arsuaga con sus colegas en el yacimiento de Pinilla del Valle. | A. Heredia

"Este lugar era el Ngorongoro. Un valle con fauna africana, rinocerontes, leones o hienas, y también euroasiática, como osos y lobos. Y los neandertales cazando, refugiados en pequeñas cuevas. Un lugar lleno de vida y de muerte". Así era hace 100.000 años el paraje de la sierra madrileña en el que se encuentran los yacimientos paleontológicos de Pinilla del Valle, en palabras de Enrique Baquedano, codirector de un proyecto científico que celebra creciendo su décimo aniversario.
El cerro en el que se excava cada vez parece más un queso gruyère y en cada agujero hay sorpresas para el equipo científico que quiere convertir el lugar en un punto de referencia de los neandertales que vivieron en el centro de la península, milenios antes de que dieran su último suspiro en Gibraltar. En esta campaña, más de un centenar de personas trabajan de sol a sol, hasta mediados de septiembre, buscando restos de aquellos parientes que nos dejaron parte de su ADN, mejorando nuestro sistema inmunológico, según una investigación reciente.
Lo que hoy es un pequeño pueblo serrano y chalets de fin de semana de los madrileños, en torno a un embalse, hace muchos milenios era un valle angosto, de origen tectónico, con buenos pastos y un arroyo, el de Navalmaíllo, a cuyas orillas bebían los animales.
En una de las orillas había un cerro horadado, un sistema kárstico similar al de Atapuerca que el agua había ido agujereando con el tiempo, y que daba refugio a aquellos humanos en un periodo en el que no hacía mucho frío, por la fauna que les rodeaba.

Excavaciones en el yacimiento de Pinilla del Valle. | A. Heredia
Restos prehistóricos

Los primeros restos de aquellos nómadas, cazadores y recolectores, del Pleistoceno se encontraron, como suele suceder, al hacer el camino de mantenimiento que rodea el embalse, en los años 80. En ese lugar está el yacimiento Cueva Camino, hoy sin actividad, pero que en su día, hace unos 90.000 años, fue un cubil de hienas al que llevaban restos de sus banquetes, incluso de neandertales.
El paleontólogo Juan Luis Arsuaga, otro de los tres codirectores, junto con Baquedano y el geólogo Alfredo Pérez-González, explica que fue allí donde salieron las dos muelas de neandertales que abrieron la mina. "Se encontraron en los años 80, cuando se pensaba que era una cueva de neandertales y no de hienas. Por entonces, el clima era más cálido que ahora. Había gamos y hasta tortugas mediterráneas", explica Arsuaga mientras recorre, como cada día, los yacimientos para ver in situ los trabajos.
Fue en el año 2001 cuando se retomaron los trabajos en Pinilla del Valle, con un proyecto científico financiado por la Comunidad de Madrid, el Ministerio de Cultura y Mahou. Y encontraron, no muy lejos, una cueva hundida en la que si habían vivido los homínidos algunos periodos estacionales hace 77.000 años, que es el nivel que excaban ahora.
Allí hay restos de los rinocerontes, los ciervos y los caballos que se comieron, y de al menos dos hogueras y una sorprendente infinidad de diminutas lascas de piedra de la tecnología musteriense, típica de los neandertales. "Se comían hasta el tuétano", apunta Arsuaga.

Excavaciones en una cueva de Pinilla del Valle. | A. Heredia
Aprovechamiento de los recursos

Pero lo que le trae de cabeza es cómo eran capaces de sacar provecho de unas piedras de muy mal material que hay en la zona. "Aquí no hay buen sílex, es cuarzo, pero se adaptaron y lo tallaban, no se iban a dos kilómetros donde hay materiales mejores", explica.
Su compañera, Marina Mosquera, deja la piqueta para plantear otra curiosa hipótesis: "Muchas lascas son diminutas y los núcleos de donde las sacan, bien pudiera ser que las usaran los niños para practicar, que no fueran deseadas". A pocos metros está la Cueva de la Buena Pinta, bautizada así en 2003 por las grandes posibilidades que los investigadores veían en sus sedimentos. De momentose han encontrado dos dientes neandertales.
También este lugar, comenta Arsuaga, fue cubil de hienas hace unos 50.000 años. Y hay otro misterio sin resolver: "Si hay dos dientes... ¿Dónde está el resto de la mandíbula?", se pregunta el paleontólogo, impaciente por tenerla en sus manos.
Ya en lo que es la parte superior del cerro está la Cueva Des-Cubierta, en cuyos sedimentos asoma la cabeza de un gigantesco toro que debió tener tonelada y media de peso. Abierta en 2009, aún está en discusión científica cómo era su configuración. Alfredo Pérez defiende que no tenía techo cuando los homínidos se refugiaron allí, pero no hay consenso, de momento. Tampoco se conoce en qué fechas se ocupó y qué especie fabricó los utensilios de piedra, si eran neandertales o, quien sabe, sus antepasados, los 'Homo heidelbergensis', de los que hay huellas a poca distancia.



Un fósil hallado en las excavaciones de Pinilla. | A. Heredia
Yacimientos por explorar

Los últimos yacimientos aún están por explorar. Ni siquiera tienen nombre. Son fruto del empeño de Baquedano, que a unos 300 metros de los lugares donde trabaja el equipo decidió hacer catas, con una máquina, a ver qué había en una zona donde habían encontrado fósiles y alguna herramienta. Y hubo suerte: dos cuevas más han salido a la luz, una de ellas otro cubil de hienas prehistóricas.
El objetivo último es crear en este pequeño valle madrileño un parque arqueológico que sea visitable por aquellos a quienes interesa conocer el pasado. "Sabemos que los neandertales eran grandes cazadores, que debían tener estrategias muy complejas para hacerse con algunas piezas, que ponían trampas con cuerdas hechas con piel. Es fascinante imaginárselos viendo pasar las manadas desde el alto, en lo que es el lugar más importante en el que se asentaron del centro de la península ibérica", afirma Baquedano, mientras su brazo apunta al fondo del valle.
Por la tarde, tras quitarse el polvo y el sudor, los excavadores, casi todos ello bregados en otros muchos yacimientos dentro y fuera de España, reinician la tarea, pero no en el campo, sino en el albergue juvenil Los Batanes, donde llevan los cientos de piezas rescatados durante el día. Es allí en el albergue, reconvertido en centro de investigación, donde lavan las piezas, las clasifican e intentan reconstruir el rompecabezas, que tardarán en recomponer mucho tiempo en los laboratorios a lo largo del año.
Así ocurrió con la liebre silvadora, una especie que se hacía en áreas más frías, como el Himalaya; o el topillo Vaufrey, cuya presencia sirve para datar los yacimientos porque desapareció en el paso del Pleistoceno Medio al Superior.

Esto es todo. Quiero agradecer de nuevo vuestro apoyo y, sobretodo, vuestra paciencia por espaciar tanto mis actualizaciones. Os prometo que intentaré sacar tiempo para ir compartiendo con vosotros los avances de mi investigación y mis trabajos. No solo sobre la civilización de Hyperborea, sino de todos aquellos temas relacionados o no, que crea puedan ser de vuestro interés.

viernes, 20 de mayo de 2011

Toda historia tiene un principio (III)

Retomo mis andanzas virtuales después de un vacío que ha durado más tiempo del que me habría gustado, las cosas se han complicado durante estos meses y me ha sido posible sacar tiempo siquiera para poder actualizar el blog, por ello os pido mis más sinceras disculpas a todos los seguidores de Hyperborea Existe. Como no podía ser de otra forma, retomo mis publicaciones con una nueva entrega de la serie 'Toda historia tiene un principio' en la que narro como fue mi implicación profesional y académica con el mito de Hyperborea.

Tal como conté en la segunda entrega de esta serie de crónicas, la primera semana de trabajo y observaciones fue muy tranquila y rutinaria, sin ningún imprevisto. La segunda empezó igual, sin novedades hasta que llegó el décimo segundo día de prospección submarina. Olve, Geir y yo nos habíamos despertado como de costumbre, estábamos terminando de desayunar y tomarnos nuestro primer café de la jornada cuando nos avisaron de que acabábamos de llegar al siguiente punto de exploración. Así que tocaba operar uno de los mini submarinos para ver que había en el fondo marino antes de seguir desplegando el cable guía.

Alzamiento del Barracuda 1. Tras realizar observaciones in situ con el robot submarino durante todo el día había que recuperarlo para recoger las muestras recogidas y realizar su mantenimiento.
Tras ayudar en las tareas de alzamiento y lanzamiento del Barracuda 1 nos agolpamos en el cuarto de operaciones desde donde Olve se encargaba de operar a distancia al mini submarino. Como en las anteriores ocasiones el vehículo descendió lentamente hacia el fondo marino, a más de 3.000 metros de profundidad. Tras media hora llegó y empezamos a recorrer parte de la zona donde iba a ir depositado el cable guía. Esa parte del fondo no era llana, había una mini falla y diferentes desniveles abruptos, por lo que había que revisar con cuidado toda la zona. Nos encontrábamos en el extremo sur de lo que se conoce como la cresta de arrecifes de Jan Mayen, cerca de 400 kilómetros al este de Islandia.

Ese entorno era muy rico en flora y fauna marina, Geir estaba muy emocionado con poder observar, aunque fuera a distancia, las diferentes especies que poblaban ese pequeño trozo del mar. A esa profundidad los peces suelen ser muy esquivos así que cada encuentro era como un pequeño logro para todos, ya que también nos contagiamos de la emoción de Geir. Este estaba atento a todo ser vivo que apareciera delante de las cámaras del Barracuda 1, mientras que Olve seguía concentrado maniobrando, algo nada sencillo en esas condiciones marinas. Mientras tanto, yo miraba detenidamente las formaciones de arrecife, rocosas y del fondo en busca de algún patrón que me permitiera reconocer la posibilidad de que hubiera algún resto arqueológico ahí, aunque ya sabía de antemano que no íbamos a encontrar nada.

Llevábamos dos horas ya de observación, quedaba muy poco para terminar esa fase y volver a ascender al Barracuda 1 cuando sucedió. Acabábamos de encontrar una especie de pozo, de apertura en medio de un desnivel de unos treinta metros. Tanto a Geir como a mi nos llamó mucho la atención, a él por la posibilidad de que en su interior hubiera un ecosistema rico e, incluso la posibilidad de catalogar alguna especie nueva; y a mi porque siempre me han fascinado las formaciones subterráneas submarinas y quería comprobar si se entraba de un mero pozo o la entrada a un sistema de galerías más extenso.

Nyocema en detalle. Este pez alargado de color naranja y muy raro fue visto tanto en la cueva de Niflheim como en otros puntos abisales del Atlántico.
Olve introdujo al Barracuda 1 con mucho cuidado, ya que cualquier desprendimiento o impacto podría dañar severamente al robot y esa visita no entraba exactamente dentro de las competencias de nuestra misión. Se trataba de una gruta bastante grande, de unos veinte metros de altura y cuarenta de largo por treinta de ancho. El fondo estaba dominado por arena muy pálida. Por doquier había pequeñas colonias coralinas y Geir hizo su primer gran descubrimiento de la misión con un extraño pez alargado de color naranja, que más adelante recibiría el nombre de 'neocyema'. También encontramos un curioso pulpo de tonalidades azules que mostró una gran curiosidad por el Barracuda 1.

Lo que pasó es que al adentrarse el robot submarino dentro, las aspas de sus impulsores removieron una parte del fondo de la caverna y levantaron bastante 'polvo'. Hubo un momento en que la visibilidad se redujo considerablemente, por lo que decidimos que en cuanto mejorara mínimamente iniciaríamos la maniobra de ascenso a la superficie. Cuando por fin mejoró la visibilidad Olve dirigió al Barracuda 1 a la salida y entonces fue cuando lo vi, un reflejo que llamó mi atención. Nos había pasado desapercibido antes porque debía estar enterrado bajo la capa de polvo submarino pero ahora destacaba, era una pequeña formación esférica que a pesar de tener coral alrededor me llamó la atención y me dio la sensación de no ser algo natural que perteneciera a ese lugar.

Pulpo abisal. Este animal mostró una gran curiosidad por el Barracuda 1 cuando entró en la cueva de Nifhlheim.
Acercamos al Barracuda 1 para ver mejor, cuando estuvo a un metro, Olve utilizó uno de los brazos robóticos para tantear la formación. El brazo se extendió y abrió sus pinzas para rodear la especie de esfera, tras cerrarse suavemente sobre ella intentó tirar. No hubo éxito, estaba fijada al suelo, pero pudimos ver como se removía todo el suelo alrededor, como si estuviera unida a algo más grande pero que no era el fondo marino ni rocas. No podía creer lo que estaba viendo pero todo apuntaba a que nos encontrábamos ante unos extraños restos arqueológicos. ¿De qué? En ese momento no me podía hacer la más remota idea.

Esto es todo por esta entrega seguidores de Hyperborea Existe, en el próximo capítulo narraré que fue lo que sucedió y los primeros hallazgos que realizamos en la cueva de Niflheim, nombre que le pusimos a la gruta en honor a uno de los mundos de la mitología nórdica. Como siempre agradeceros a todos vuestro apoyo y, sobretodo vuestra paciencia por mi tardanza en actualizar. ¡Un abrazo enorme!

jueves, 17 de marzo de 2011

¿Estaba la Atlántida en Doñana?

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, hago un inciso en mi relato de 'Toda historia tiene un principio' para comentar un tema de actualidad que se ha propagado hace unos pocos días por todos los medios. Se trata de la polémica sobre la posible ubicación de la mítica ciudad de la Atlántida (Atlantis) en el Parque Nacional de Doñana, en Cádiz, España. Esta información viene apoyada por el recién estrenado documental 'Finding Atlantis' de National Geographic. Hoy quiero profundizar sobre este tema y compartir mis impresiones sobre si se trata de algo creíble o bien no se trata más que una treta publicitaria para tener una mejor promoción.

Imagen por satélite de las marismas de Doñana.  Esta imagen es la que ha originado la investigación de Freund sobre la Atlántida en el Parque Nacional de Doñana. Se pueden observar los círculos concéntricos que podrían haber pertenecido a un asentamiento humano.
Desde que Platón hablara sobre la ciudad de la Atlántida en sus diálogos de 'Timeo y Critias' muchos han sido los que han soñado con la existencia real de esta civilización perdida. De hecho los casos de la Atlántida y de Hyperborea son parecidos, aunque guardan diferencias notables. El primero ha sido mucho más conocido y ha alimentado la fantasía pública gracias a diferentes novelas y películas. Durante años muchos han sido los expertos que han creído descubrir cual fue su localización exacta. Unos dicen que la Antártida, otros que las islas Canarias, otros en el mar Caribe, algunos incluso decían que estaba en Groenlandia. Lo que está claro es que no hay consenso internacional sobre este tema, ya que ni siquiera lo hay sobre si existió realmente o fue solo una invención metafórica de Platón.

¿Pero qué decía exactamente Platón? Pues en 'Timeo y Critia' habla de que hace más de 11.000 años, existía una isla más grande que el norte de África y Asia Menor juntas más allá de las Columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar). En ella habitaba una civilización muy avanzada que disfrutaba de un paraíso de materias primas y metales preciosos, con los que adornaban sus edificios. Esta civilización, los atlantes, tenían avanzados conocimientos de navegación y viajaban por todos los mares del mundo. Según Platón, a pesar de su carácter pacífico terminaron corrompiéndose e iniciaron una expansión agresiva por todo el Mediterráneo. Finalmente, tuvieron que enfrentarse con los atenienses quienes lograron derrotarlos y liberar así a la Humanidad del hipotético yugo atlante.Tras esta derrota, Zeus decidió hundir la isla de la Atlántida como castigo por su corrupción.

Representación gráfica de la Atlántida. Muchos han sido los autores que han realizado ilustraciones sobre como podría haber sido la mítica ciudad de la Atlántida.
 Bien, ¿y qué es lo que dicen en el documental de National Geographic? Pues el documental sigue la investigación de mi colega Richard Freund, historiador de la universidad de Hartford, Connecticut, Estados Unidos. Según él, tras estudiar varias imágenes de satélite de la zona del Estrecho de Gibraltar, Cádiz y Huelva, creyó encontrar los restos de una ciudad circular en lo que hoy es el Parque Nacional de Doñana. Anteriormente ya se habían detectado restos similares en la península Ibérica que dieron que pensar a su equipo sobre el origen de este tipo de asentamientos. Es por ello que Freund propone que los restos circulares de Doñana se tratarían de la mítica ciudad de la Atlántida, que fue borrada del mapa a causa de un tsunami de grandes proporciones.

Rodaje del documental Finding Atlantis. Richard Freund, a la derecha, durante el rodaje del documental para National Geographic.
¿Cuál es mi opinión? Antes de nada quiero aclarar un concepto que creo muy importante, el tipo de construcciones circulares, con canales y formas concéntricas es propio de la civilización de Tartesos, que habitaba en lo que hoy es España y Portugal antes de la llegada de griegos y romanos. Por lo que es importante determinar si este sistema de asentamiento circular es original de los Tartesos o bien estos fueron supervivientes de los atlantes. A día de hoy no hay ninguna prueba que demuestre que fueran descendientes de los atlantes. Por supuesto, todo puede cambiar con las pruebas que se puedan encontrar in-situ en el yacimiento en el que está trabajando el equipo de Freund.

Por el momento, a falta de más datos, me muestro escéptico sobre que realmente esos restos pertenezcan realmente a la ciudad de la Atlántida. Primero por que si tenemos que hacer caso de lo que Platón relató esta se encontraba en una isla más allá del Estrecho de Gibraltar, no dentro de la península Ibérica. Por otro lado, me echa para atrás el hecho de que National Geographic, empresa que respeto por su apoyo a la investigación y conservación, haya promulgado a los cuatro vientos que se trata de la Atlántida sin tener pruebas contundentes de ello, solo con afán promocional.

Representación de la Atlántida de la revista Muy Interesante. Se muestra un mapa con las diferentes localizaciones propuestas para la Atlántida.
No voy a negar que si National Geographic mañana llamara a la puerta para ofrecerme los fondos que necesito para proseguir con mi investigación sobre Hyperborea a cambio de un documental me sentiría profundamente tentado. Pero en ningún caso aceptaría algo así sin poder asegurar firmemente que mis pruebas son 100% fiables. Estos meses estamos trabajando muy duro con el material que recuperamos de la isla de Jan Mayen y de años anteriores. Recopilando todos los datos para poder presentar nuestra investigación en unos meses. Una vez lo hagamos esperamos recibir apoyo institucional y fondos para poder pasar a la siguiente fase para descubrir la verdad sobre la civilización Hyperborea. Os mantendré informados.

Para finalizar por hoy, quiero agradeceros como siempre vuestro apoyo y cariño, es el que alimenta mis energías y las de mis compañeros para seguir avanzando en nuestra ardua tarea.

jueves, 3 de marzo de 2011

Toda historia tiene un principio (II)

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, ha pasado más de un mes desde que me dirigí a vosotros por última vez, parece ser que los dioses se empeñen en evitar que actualice más frecuentemente pero tranquilos, que no desfallezco y aunque tarde seguiré manteniéndome en contacto con vosotros a través de este blog, con el único fin de descubrir la verdad. En mi última actualización inicié el relato de como me impliqué realmente con el mito de Hyperborea, hoy os traigo la segunda parte del mismo.

Tal como os adelanté el 7 de junio del año 2000 nos hicimos a la mar en el Blue Sea desde el puerto de Bodø, en el norte de Noruega, mis compañeros del NTNU Geir Grønvoll y Olve Raaen. El primero es un reputado experto en ecosistemas submarinos y el segundo  técnico especialista en robótica aplicada, es decir, nuestro maestro de los Barracudas 1 y 2, nuestros robots submarinos con los que ver de primera mano lo que hay en las profundidades. Yo iba en calidad de experto en arqueología submarina en caso de encontrar cualquier resto en la ruta señalada. En estos casos sucede como cuando se diseña la construcción de una autopista, previamente se tiene que hacer un estudio del impacto en el entorno y de determinar si afecta a algún resto arqueológico.

Esquema descriptivo de los elementos que componen un sistema de cable submarino.
En nuestro caso no esperábamos encontrar nada, ya que la ruta a seguir estaba alejada de todas las rutas marítimas convencionales y no había registros de ningún hundimiento en la zona, pero aún y así la normativa internacional obligaba a comprobarlo. Como os podéis imaginar no iba con muchas expectativas y, de mis compañeros, era el único que no esperaba encontrar gran cosa. Geir era el más entusiasta, ya que esta prospección iba a servirle de excusa para poder observar detenidamente ambientes marinos que de otra forma no habría podido debido a los costes necesarios. Estamos hablando de profundidades que oscilan entre los 1.000 metros y los 4.000 metros de media.

La primera semana fue bastante rutinaria. Nuestra ruta era rumbo norte-noroeste durante unos 1.000 kilómetros, tras los cuales tomaríamos rumbo este-sureste hasta llegar a Islandia. Se había desestimado la ruta directa al este ya que la Nordic Communications esperaba que ese cableado fuera una primera fase a la que seguiría otro que conectaría con Groenlandia. En el punto donde cambiaríamos de ruta estaba previsto que se instalara un interconectador que sirviera de puente entre Islandia, Groenlandia y el continente europeo en el futuro.

Cable submarino. Durante nuestras prospecciones desplegamos centenares de kilómetros de cable de acero de guía. Esta foto fue tomada por el Barracuda 1, uno de los dos robots submarinos que utilizamos durante el proyecto.
Nos despertábamos cada día sobre las 5-6 de la mañana para poder empezar a trabajar justo despuntaran los primeros rayos de sol. Nuestra rutina era la de ir de punto de camino a punto de camino (waypoints), en estos puntos, desplegábamos los Barracudas y hacíamos observaciones del fondo marino y el entorno para estudiar la viabilidad del "camino". Si era así se asignaba un nuevo punto de camino y el equipo de la Nordic Comms desplegaba el cable de acero guía que serviría para desplegar el final cuando terminara nuestro trabajo.

En nuestras observaciones nos centrábamos en diferentes aspectos, fauna local, flora, formaciones rocosas y coralinas y por mi parte, cualquier rastro de resto arqueológico que pudiera haber. El uso de los Barracudas facilitaba mucho la labor, antes de su desarrollo habría habido que ir con trajes presurizados y realizar inmersiones muy peligrosas o, directamente no comprobar in situ, donde se iba a trabajar con lo que se obviaría cualquier daño que se pudiera provocar. Esa primera semana fue bastante tranquila, sin ningún contratiempo como ya os he dicho, las cosas empezarían a ponerse interesantes durante la segunda semana. 

Pero esa parte la reservo para la siguiente actualización. Por hoy esto es todo, no puedo explayarme más ya que mis obligaciones me requieren. Estamos haciendo muchos progresos, cada vez está más cerca que podamos desvelar la verdad tras el mito de Hyperborea.