lunes, 14 de mayo de 2012

Toda historia tiene un principio (IX)

Dos semanas después, regreso con vosotros, seguidores de Hyperborea Existe para proseguir mi relato de 'Toda historia tiene un principio'. Han sido dos semanas muy intensas, queda muy poco para que hagamos nuestro movimiento final, depende tanto de ello, que estamos siendo muy minuciosos, no queremos dejar nada al azar. Esperamos poder convencer al gobierno para que nos den los fondos que necesitamos para refutar mi investigación.

Si hacéis memoria, lo había dejado tras hacer un descubrimiento que lo cambiaría todo, una especie de superficie circular en la cueva de Niflheim. Tras regresar el Barracuda 1 a bordo, nos tiramos toda la noche estudiando las imágenes y analizando el mejor acercamiento para poder recuperar el disco. Había que idear un sistema completamente seguro con el que poder izarlo con el Barracuda 1. Después de muchas horas de darle vueltas y hacer pruebas encontramos la solución que nos parecía más segura.

Brazos robóticos terminados en pinza similares a los que usamos con el Barracuda 1.
Habíamos colocado los dos brazos robóticos con pinzas al Barracuda 1 y construimos un arnés de cuerdas de nailon de tal forma que, con un poco de destreza, pudiéramos introducir el disco dentro, y luego cerrar las pinzas para fijarlo y asegurarlo. Según las pruebas que habíamos hecho cuando lo descubrimos, parecía más liviano de lo que creíamos, por lo que esperábamos que el Barracuda 1 pudiera ascender con él sin problemas. Ojo, eso si no encontrábamos complicaciones en forma de corrientes fuertes. La verdad es que los nervios iban cada vez a peor, ya que el pronóstico del tiempo estaba empeorando. Y perdimos toda la mañana en preparar al Barracuda 1 y organizar toda la inmersión, por lo que íbamos a tener que esperar hasta el día siguiente. Si a esto le sumamos la llamada de nuestro superior en el NTNU preguntando si ya estábamos de regreso, pregunta a la que tuvimos que responder con una mentira, pues ya podéis imaginaros cual era el estado de Olve, Geir y servidor.

Por fin llegó el momento óptimo, teníamos una ventana de trabajo muy corta, de tan solo siete horas antes de que nos alcanzara un frente tormentoso. El Barracuda 1 se sumergió grácilmente en el agua e inició su descenso a las profundidades, en busca de nuestro disco, la clave con la que esperábamos poder afianzar nuestras teorías sobre la naturaleza de la Quilla de Odín y del pecio al que pertenecía.

Se nos hizo eterno, como si los segundos fueran minutos, y los minutos horas. Parecía interminable el camino de nuestro robot submarino hasta la cueva de Niflheim. Al llegar todo estaba tal como lo habíamos dejado. Nos dirigimos directamente hacia el disco, seguía ahí, coronando el extraño montículo de roca, flora y crustáceos fosilizados. Olve manejaba diestramente los dos mandos de control del Barracuda 1. A él le iba a tocar la parte más complicada de la extracción. Tenía que conseguir levantar el disco con una de las pinzas, mientras que con el otro introducía parte del arnés, para luego hacer lo inverso con el otro brazo robótico. Existía un gran riesgo de que al levantar el disco este se deslizara del montículo y cayera, lo cual habría sido fatal. Estamos con los nervios de punta, se podía respirar la tensión del momento en el pequeño compartimento  del 'Ice Dawn' en el que nos encontrábamos.

Imagen de la cámara principal del Barracuda 1 justo antes de llegar al montículo del Disco de Draupnir. Utilizaba un sistema de demarcación láser para fijar su objetivo. 
Tras varios intentos, Olve logró introducir bien el disco dentro del arnés de seguridad, fijó los seguros con las pinzas y las retrajo para atraerlo hacía el Barracuda 1. Por un instante fue como si se detuviese el tiempo, pero al momento vimos como el disco se movía, como perezoso por no querer abandonar su hogar tras tanto tiempo ahí. Si el descenso se nos había hecho largo, no quiero contaros como fue el ascenso, un verdadero infierno, y más porque la tormenta ya estaba casi sobre nosotros. Temíamos que se pudiera soltar el cable y perder tanto el disco como al Barracuda 1.

La providencia, los antiguos dioses, el destino, o quizás todos ellos a la vez, quisieron que lográramos recuperar al Barracuda 1 y su preciada carga justo a tiempo. Ya que justo cuando lo izamos y colocamos en la pequeña bodega del 'Ice Dawn', se levantaron olas de tres a cuatro metros. Era el momento de regresar a base. El viaje de vuelta fue muy movido, pero para nosotros era como si estuviéramos en otro mundo. Los tres fascinados por nuestro hallazgo, por el que luego llamaríamos como el 'Disco Draupnir'.

Lo dejo aquí por ahora, prometo actualizar muy pronto con lo que descubrimos, aunque también con las malas noticias desde el NTNU que tuvimos. Ya queda menos amigos, pronto, la verdad sobre Hyperborea será revelada, os lo prometo. Gracias por vuestro apoyo, poder escribiros me sirve de terapia y me da fuerzas para dar los últimos pasos necesarios. ¡Hasta muy pronto!

martes, 1 de mayo de 2012

Toda historia tiene un principio (VIII)

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, vuelvo a ponerme en contacto con vosotros para proseguir con mi crónica de 'Toda historia tiene un principio'. Tal como os adelanté en mi última entrada, tras el varapalo recibido en la Comisión de Expertos del NTNU, no nos quedó otra que pasar el resto del verano de 2000 dedicados a otros proyectos mientras esperábamos con ansias que llegara el mes de septiembre.

Cuando por fin llegó el momento de iniciar nuestra nueva expedición a la cueva de Niflheim tuvimos que hacer frente a varios retos. Primero el bajo presupuesto otorgado por el NTNU, que no nos daba mucho margen de maniobra. A pesar de ello, tiramos de contactos y favores personales y, finalmente, logramos zarpar con una embarcación mediana, el 'Ice Dawn'. Este viejo barco, había sido un pesquero que se había reconvertido para tareas de investigación. Aunque en principio solo nos habían autorizado y dado fondos para delimitar el perímetro del pecio, habíamos conseguido los medios para hacer algo más. A bordo llevábamos uno de los robots submarinos Barracuda de la Nordic Communications. Eso sí, esta vez adaptado perfectamente para la labor de recogida de muestras y exploración del terreno. Por lo que íbamos a intentar alargar nuestra estancia lo posible, teniendo en cuenta las condiciones meteorológicas, para ver que podíamos conseguir.

Imagen de sonar de la zona de la fractura de Jan Mayen mostrando la  localización de la abertura de la cueva de Niflheim.
Tras varios días de travesía llegamos Olve, Geir y servidor, junto a la tripulación del 'Ice Dawn' a las coordenadas de la cueva de Niflheim. Las condiciones del tiempo no eran las mejores, por lo que nos pusimos manos a la obra. Lo primero fue delimitar todo el perímetro de la zona de la Cueva de Niflheim con el sonar. Esa región era conocida por formar parte de la famosa cresta de Jan Mayen, una isla situada 400km al norte y que como conté en anteriores entradas, luego sería uno de nuestros principales focos de trabajo de campo sobre esta investigación. Como podéis ver en la imagen la entrada de la cueva de Niflheim era un apertura alargada, como una grieta, en el lado de un montículo submarino, que hace mucho tiempo fue una chimenea volcánica.

Una vez tomadas las imágenes del perímetro, equipamos al Barracuda con el sonar e iniciamos la primera inmersión para regresar a la cueva de Niflheim. A primera vista parecía que todo estaba tal como lo habíamos dejado en nuestra anterior visita. Empezamos a tomar diferentes imágenes localizadas por cuadrantes de todo el fondo de la cueva y la parte donde estaba la que habíamos llamado como Quilla de Odín. Así nos tiramos toda la primera jornada de trabajo. Por la noche nos dedicamos a revisar todas las imágenes del sonar. En un primer análisis pudimos determinar que la Quilla de Odín no era más que la punta de un iceberg. La mayor parte de la estructura del pecio se encontraba bajo la superficie, protegida por capas de lodo, tierra y rocas. Esta conclusión fue desmoralizadora, ya que si ya de por sí esas condiciones habrían supuesto una compleja prospección arqueológica en la superficie, a esa profundidad hacía que el coste de recuperarlo fuera astronómico, fuera de nuestro alcance.

Ya casi habíamos terminado cuando Olve se fijó en una de las imágenes de otra zona de la cueva, la más apartada de la Quilla de Odín. Había una especie de montículo, de protuberancia muy extraña y que parecía fuera de lugar, pero a la vez no nos dio la impresión de poder pertenecer a la estructura del pecio. La imagen del sonar no era nada clara, pero parecía una especie de superficie circular de un metro de diámetro. ¿Estábamos ante un objeto del pecio o algún extraño artefacto de su carga?

Abajo, izquierda. Imagen de sonar del extraño disco que encontramos en la cueva de Niflheim.
Aunque habíamos planeado usar al Barracuda para extraer un fragmento grande de la Quilla de Odín, decidimos darle prioridad a nuestro nuevo descubrimiento. Al día siguiente, preparamos adecuadamente al Barracuda y miramos ansiosos como iba descendiendo lentamente por las profundidades hasta llegar a la cueva de Niflheim. Nuestro robot iba equipado con dos brazos y una pala grande. En uno de los brazos llevaba una pinza de sujeción y en el otro una sierra para cortar roca. Cuando el Barracuda se acercó pudimos verlo mejor, era una superficie circular que destacaba del fondo marino. Al acercarse el robot, se levantó mucho polvo y pudimos ver las incrustaciones de rocas, flora y crustáceos por toda su superficie.

Al extender la pinza pudimos comprobar como la parte superior se estremecía con el contacto. No se trataba de un cubo, sino de una especie de disco suelto. Parecía más liviano de lo que habíamos pensado al principio, ya que se movía levemente con cada contacto de la pinza. Finalmente, tanteamos todo su perímetro y fuimos haciendo incisiones en la roca para intentar separarlo de ella. Ahí estaba lo que habíamos estado buscando, un objeto que podría ser la clave que demostrara que nuestra investigación tenía sentido y no perseguíamos fantasmas. Pero el Barracuda no estaba preparado para poder cargar con el disco, temíamos que su pinza no fuera suficiente para realizar un ascenso seguro. Íbamos a tener que pensar en otra forma de alzarlo a la superficie...

Hasta aquí lo dejo queridos seguidores de Hyperborea Existe, espero proseguir con mi crónica muy pronto. Ya cada vez quedan menos piezas por descubrir para recomponer este rompecabezas que supone el mito de Hyperborea. Estoy convencido de que pronto podremos descubrir la verdad tras el mito y revelar al mundo que la civilización Hyperborea existió. Muchas gracias por vuestro apoyo continuado..

lunes, 16 de abril de 2012

Toda historia tiene un principio (VII)

Queridos seguidores de Hyperborea Existe prosigo con la crónica de 'Toda historia tiene un principio'. En mi última entrada os desvelé el resultado de la prueba de Carbono-14 que realizamos a las muestras tomadas a la Quilla de Odín, en la cueva de Niflheim. Se repitieron tres veces las pruebas, y todas eran concluyentes, las muestras reflejaban una antigüedad cercana o superior a los 60.000 años. Estábamos ante un dilema nunca antes planteado: Eran los restos arqueológicos avanzados más antiguos jamás encontrado, o las muestras habían sufrido algún tipo de contaminación, que no lográbamos detectar, y por ello mostraban un resultado alterado y casi imposible.

Era evidente que este enigma nos superaba, así que con toda la documentación solicitamos que se convocara una reunión urgente de la Comisión de Expertos del NTNU para valorarlo. En ella defendimos arduamente nuestro trabajo, los procedimientos y la veracidad de las muestras. Había voces suspicaces que decían que nos habíamos inventado todo para conseguir atención mediática. Por suerte para nosotros, contamos con el testimonio del personal de la Nordic Communications, que estuvieron a bordo con nosotros en el Blue Sea cuando encontramos la cueva de Nifllheim.

Foto que tomé a varios de los expertos del NTNU durante la comisión de investigación sobre  las muestras encontradas en la cueva de Niflheim.
Me gustaría deciros que fue un éxito, que convencimos a todos nuestros colegas y se aprobó un proyecto para ir a recuperar ese yacimiento. Pero el rechazo y la hostilidad fueron totales, nadie daba crédito a los resultados del Carbono-14, su veracidad implicaba una realidad que iba en contra de todo lo establecido por la historia, y  nadie quería saltar a los medios siendo tachado de loco visionario. Aún así, logramos hacer entender la importancia de un hallazgo de ese tipo, fuera de hace 60.000 años o de solo 1.000. Por lo que tras muchas negociaciones, el NTNU autorizó una pequeña partida de presupuesto para volver a la cueva de Nifleim.

Lamentablemente, lo único que nos iban a permitir es recoger algunas muestras más y establecer un perímetro de todo el yacimiento, para determinar su envergadura total. Nos autorizaron a llevar un sonar submarino con el que poder establecer la estructura del supuesto pecio bajo la superficie. Olve, Geir y yo salimos de la reunión fatigados y con un sabor agridulce. Aún con todo, estábamos esperanzados por tener una nueva oportunidad para regresar. Teníamos la firme convicción de que encontraríamos una prueba contundente que respaldara nuestra tesis.

A pesar de que nosotros queríamos partir de inmediato, no autorizaron nuestra alocada expedición hasta septiembre de 2.000, ya que teníamos varios compromisos que no podíamos omitir. Así que durante el mes y pico que tuvimos que esperar, aproveché todo hueco libre para investigar e intentar determinar a quién podía pertenecer un pecio así. De esta forma, fue como volví a reencontrarme con las historias que me habían contado de pequeño de la civilización Hyperborea. Según leía más sobre los mitos y leyendas alrededor de esta civilización, de todas las fuentes, desde griegas a chinas. Más me convencía de que quizás había algo de verdad tras la leyenda. Todo parecía encajar, el periodo de tiempo, la situación aproximada. Sabía que mis colegas me tacharían de loco, así que me reservé mis conclusiones. Pero cada vez tenía más claro de que quizás, la Quilla de Odín, no era otra cosa que los restos de una embarcación Hyperborea.

Uno de los muchos mapas antiguos en los que aparece Hyperborea, en este se creía que se encontraba en la actual Rusia. La versión más generalizada entre las civilizaciones antiguas es que se encontraba en una isla al norte o noroeste de Europa.
Hasta que no volviéramos a la cueva de Niflheim no podría tener más certezas, me tocó ser muy paciente y combatir la impaciencia y la emoción de estar ante el que podría ser el mayor descubrimiento arqueológico de la humanidad.

Hasta aquí llego por hoy queridos seguidores de Hyperborea Existe. Espero proseguir esta crónica muy pronto, ya que es mi deseo poder concluirla antes de presentar toda mi investigación. Como siempre, gracias por vuestro apoyo continuado. 

domingo, 8 de abril de 2012

Toda historia tiene un principio (VI)

Ha pasado ya un buen tiempo desde mi última actualización. Sé que no hay excusa por teneros en vilo tanto tiempo, pero las cosas se han precipitado en las últimas semanas. Parece que mayo será el mes que tanto tiempo llevamos esperando, el momento en el que podremos presentar nuestra investigación y solicitar fondos para completarla. La fecha final aún no está cerrada, pero en cuanto la sepa me encargaré de compartirla con todos vosotros. Una vez que hayamos presentado nuestro trabajo, con todas las pruebas que hemos reunido en todos estos años, por fin podré compartirlo todo con vosotros y haceros partícipes de nuestro descubrimiento completo. Pero antes que eso, quiero proseguir con la historia que dio inicio a todo.

Edificio principal del complejo del NTNU
Como os relaté en la anterior entrada de Hyperborea Existe, el 12 de julio de 2000 regresamos de nuestra expedición con la Nordic Communications. Lo hicimos en un vuelo que tomamos en Islandia, ya que el Blue Sea, se iba a quedar ahí dos semanas por mantenimiento. Cuando llegamos al NTNU (Norwegian University of Science and Technology) en Trondheim, llevábamos con nosotros los restos que habíamos recuperado debidamente sellados para evitar cualquier contaminación ambiental. Como ya dije, a bordo del Blue Sea solo contábamos con un pequeño microscopio con el que poco pudimos determinar. Esperábamos que nuestros compañeros especialistas en el NTNU fueran capaces de encontrar algo que nos diera una pista de que tipo de pecio se trataba y su antigüedad.

En concreto teníamos dos muestras, una de un extraño metal y la otra de una especie de madera reforzada que nunca habíamos visto, ambos con roca y material fosilizado. Teníamos la esperanza de encontrar algún elemento orgánico fosilizado que nos permitiera realizar la prueba del Carbono-14 para realizar una datación de los restos. Para los que no lo sepáis, existen dos métodos principales para intentar determinar la antigüedad de algo, la prueba del Carbono-14, que solo se puede realizar con compuestos orgánicos y la de Potasio-Argón que, lamentablemente, solo se puede utilizar donde haya habido una erupción volcánica.

El laboratorio del NTNU se puso a trabajar con el fragmento de madera que les llevamos. Primero había que tratarlo. Debéis saber que el proceso de trabajo es muy complejo y laborioso, ya que hay que evitar en todo momento la contaminación del mismo. El más mínimo error podría alterar el resultado de las pruebas de Carbono-14, invalidándolas. Es por ello, que pusimos especial atención y cuidado en seguir todos los protocolos y asegurarnos de que la muestra llegaba completamente íntegra e inalterada al momento de realizar la datación por Carbono-14.

Para los que no sepáis en que consiste miraré os dejo aquí la descripción disponible en Wikipedia:

El método de datación por radiocarbono es la técnica basada en isótopos más fiable para conocer la edad de muestras orgánicas de menos de 60.000 años. Está basado en la ley de decaimiento exponencial de los isótopos radiactivos. El isótopo carbono-14 (14C) es producido de forma continua en la atmósfera como consecuencia del bombardeo de átomos de nitrógeno por neutrones cósmicos. Este isótopo creado es inestable, por lo que, espontáneamente, se transmuta en nitrógeno-14 (14N). Estos procesos de generación-degradación de 14C se encuentran prácticamente equilibrados, de manera que el isótopo se encuentra homogéneamente mezclado con los átomos no radiactivos en el dióxido de carbono de la atmósfera. El proceso de fotosíntesis incorpora el átomo radiactivo en las plantas, de manera que la proporción 14C/12C en éstas es similar a la atmosférica. Los animales incorporan, por ingestión, el carbono de las plantas. Ahora bien, tras la muerte de un organismo vivo no se incorporan nuevos átomos de 14C a los tejidos, y la concentración del isótopo va decreciendo conforme va transformándose en 14N por decaimiento radiactivo.
Infografía que explica el proceso de datación por Carbono-14.
La masa en isótopo 14C de cualquier espécimen disminuye a un ritmo exponencial, que es conocido: a los 5.730 años de la muerte de un ser vivo la cantidad de 14C en sus restos se ha reducido a la mitad. Así pues, al medir la cantidad de radiactividaden una muestra de origen orgánico, se calcula la cantidad de 14C que aún queda en el material. Así puede ser datado el momento de la muerte del organismo correspondiente. Es lo que se conoce como "edad radiocarbónica" o de 14C, y se expresa enaños BP (Before Present). Esta escala equivale a los años transcurridos desde la muerte del ejemplar hasta el año 1950 de nuestro calendario. Se elige esta fecha por convenio y porque en la segunda mitad del siglo XX los ensayos nucleares provocaron severas anomalías en las curvas de concentración relativa de los isótopos radiactivos en la atmósfera.
Al comparar las concentraciones teóricas de 14C con las de muestras de maderas de edades conocidas mediante dendrocronología, se descubrió que existían diferencias con los resultados esperados. Esas diferencias se deben a que la concentración de carbono radiactivo en la atmósfera también ha variado respecto al tiempo. Hoy se conoce con suficiente precisión (un margen de error de entre 1 y 10 años) la evolución de la concentración de 14C en los últimos 15.000 años, por lo que puede corregirse esa estimación de edad comparándolo con curvas obtenidas mediante interpolación de datos conocidos. La edad así hallada se denomina "edad calibrada" y se expresa en años Cal BP.
Mientras esperamos a que estuvieran listos los resultados estuvimos centrados en la muestra de metal que extrajimos. Sin duda estábamos ante una aleación que nunca habíamos visto en ningún pecio ni yacimiento. Llamamos a varios colegas expertos en metales y coincidieron con nosotros, no era nada visto hasta la fecha. Íbamos a necesitar hacer más pruebas con un espectrómetro de masas para determinar su composición exacta. Lo que estaba claro es que era un metal duradero y resistente. La verdad es que cuanto más intentábamos profundizar sobre los restos más confundidos estábamos. Por un lado estábamos convencidos de que debía tener una gran antigüedad, entre mil y dos mil años. Por el otro, el metal era demasiado complejo, era imposible que se hubiera trabajado con la tecnología existente hace dos mil años. Ni siquiera con la de hace unos pocos siglos. Ya no sabíamos que pensar, si estábamos frente a un antiguo drakkar vikingo, o bien ante un resto mucho más moderno que nos hubiese engañado por completo.

Carrusel de muestras para la datación por Carbono-14.
Creíamos que el enigma se resolvería con los resultados de la datación por Carbono-14, pero cuando nos los dieron, todo fue una locura. Como ya os he puesto en la descripción de este procedimiento, con el Carbono-14 se puede determinar la antigüedad de una sustancia orgánica de hasta 60.000 años, con un rango de error determinado y que puede ser compensado. Bien, el problema de los resultados obtenidos era que la muestra presentada indicaba tener una antigüedad cercana a los 60.000 años. Estaba en el límite del rango analizable. Pedimos que nos repitieran la prueba, pero nos confirmaron que ya lo habían hecho tres veces. No había error.

¿Nos encontrábamos ante uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de la historia, por las implicaciones que tenía? ¿O no era más que un error o una broma pesada? Lo que teníamos claro es que nuestros superiores en el NTNU iban a ser extremadamente escépticos... Pero esa parte la compartiré con vosotros en la próxima actualización, que será muy pronto.

Muchas gracias por vuestro apoyo continuado, cada vez está más cerca la revelación de la verdad. Tan solo os pido un poco más de paciencia. En cuanto llegue el momento estaré encantado de compartir con vosotros todo mi material. Hasta pronto seguidores de Hyperborea Existe.

jueves, 23 de febrero de 2012

Toda historia tiene un principio (V)

Casi un mes después de mi última actualización vuelvo con vosotros para proseguir la crónica de 'Toda historia tiene un principio. Como ya os podéis imaginar seguimos enfrascados en la recopilación de datos para el proyecto. ¡Ya queda menos! Estoy pendiente también de conseguir cita para ir a la comisión de Ciencia e Investigación del Parlamento de Noruega. Ahí queremos presentar el resultado de nuestro trabajo y conseguir el apoyo económico e institucional que nos falta para poder dar el último paso. El que tantos años hemos soñado con dar...

Esponja marina en la Cueva de Niflheim, cerca de la Quilla de Odín.
Pero antes que eso, hay que proseguir con la historia que empezó toda esta aventura. Tras nuestro hallazgo inicial logramos paralizar el proyecto de la Nordic Communications para poder documentar todo lo posible el sitio de los restos. Habríamos querido quedarnos más tiempo, pero la compañía presionó para que siguiéramos con la ruta prevista y se marcara la cueva de Niflheim para evitarla cuando colocaran el cable submarino. Todos nuestros intentos de convencer al NTNU de que ese hallazgo era de gran importancia cayeron en saco roto. Nos ordenaron terminar el proyecto de la Nordic Communications y, en todo caso, a nuestro regreso se estudiarían todas las muestras y datos para determinar la viabilidad de una expedición para estudiar los restos.

Antes de abandonar la zona, logramos recuperar pequeños fragmentos de la que empezamos a llamar la Quilla de Odín. A bordo no contábamos con el material adecuado, tan solo un pequeño microscopio, pero las primeras observaciones despertaron nuestra imaginación. Aún no sabíamos que antigüedad podían tener, pero parecía ser muy, muy antigua. Además, no logramos determinar su composición química, parecía una extraña mezcla entre un metal, que no supimos reconocer, y madera reforzada, de una forma que nunca habíamos visto antes.

A bordo tan solo contábamos con un microscopio básico para examinar las muestras recuperadas de la Cueva de Niflheim.
No puedo describiros la sensación de frustración que tuvimos Olve, Geir y yo por tener que abandonar ese hallazgo. Al haber empezado a trabajar en él lo habíamos expuesto a las condiciones cambiantes del océano y aunque regresáramos, nada nos aseguraba que no se hubiesen deteriorado los restos. Pero no había otra, tuvimos que armarnos de paciencia, proseguir con las pruebas del cableado y esperar a regresar al NTNU donde examinar con mejores equipos las muestras, sobre todo poder hacer la prueba del Carbono 14, para determinar su antigüedad.

No regresamos hasta el 12 de julio de 2000, más de un mes después de haber partido. Volvimos con la emoción de poder investigar de verdad nuestro gran descubrimiento. Nadie nos podría haber dicho que las pruebas del Carbono 14 nos dirían lo que nos dijeron...

Eso es todo por hoy, otro día proseguiré con esta crónica, hay mucho que hacer. Como siempre agradeceros a todos por vuestro apoyo y fidelidad.

jueves, 19 de enero de 2012

Toda historia tiene un principio (IV)

Sigo vivo, sí, reconozco que he tenido que dejar descuidado el blog durante varios meses, pero os aseguro que ha sido por un buen motivo. La campaña veraniega de 2011 ha superado todas nuestras expectativas. Nuestras inmersiones cerca de Jan Mayen sacaron a la luz datos y muestras que han reforzado aún más nuestras sospechas. Durante los meses siguientes hemos tenido que encerrarnos para recopilar todos los datos, información y restos para preparar nuestro informe. Esperamos poder presentarlo ante la comisión de ciencia y tecnología del parlamento de Noruega en unos meses. Si conseguimos convencerlos y obtener los fondos económicos que necesitamos, podremos demostrar por fin lo que hemos estado soñando todos desde hace tantos años: La civilización Hyperborea existió.

Pero no podemos correr, hay que atar todos los cabos para presentar el proyecto lo más sólido posible. Os pido paciencia. Hasta que no hayamos presentado nuestro trabajo no voy a poder desvelaros nada concreto aquí. Aunque lo que sí que quiero hacer es proseguir con mi crónica de como empezó esta aventura, retomando el último capítulo que escribí en mayo de 2011.

Os pongo en antecedentes, estaba enrolado junto con mis colegas Geir Grønvoll y Olve Raaen en una expedición para supervisar el despliegue de un cableado submarino para la empresa Nordic Communications. En una de las inmersiones de uno de nuestros drones submarinos, el Barracuda 1, encontró algo en una misteriosa cueva submarina...

Fumarola volcánica situada cerca de la entrada a la cueva de Niflheim. 
El Barracuda 1 removió la arena del fondo de la cueva y dejó entrever algo que nuestros ojos no pudieron dar crédito. Olve, Geir y yo nos miramos estupefactos, creyendo estar bajo los efectos de una alucinación. Efectivamente, estábamos viendo sobresalir del fondo marino una especie de estructura alargada, que era imposible que fuera de origen natural. Evidentemente, dimos la voz de alarma y nos pusimos en contacto con la Nordic Communications y el NTNU. Las imágenes que enviamos eran pruebas irrefutables de que habíamos encontrado un hallazgo arqueológico submarino que no solo merecía desviar el cableado sino abrir una investigación propia.

Estaba claro que no íbamos a recibir una respuesta inmediata, pero conseguimos paralizar el proyecto durante una semana para poder recabar toda la información posible y, de ser posible, recuperar alguna muestra con los Barracuda. Nuestros robots submarinos no estaban equipados exactamente para ese tipo de trabajo, pero Olve logró adaptar sus pinzas para poder agarrar objetos y aligeró la estructura lo suficiente para poder cargar con material de vuelta a la superficie.

Render de un Drakkar vikingo.
Los primeros días nos dedicamos a establecer un perímetro de trabajo para ir limpiando de arena el fondo alrededor de la estructura para poder delimitar mejor su alcance y tamaño. Al cuarto día de trabajo fue evidente que nos encontrábamos con algo muy parecido a la quilla de un barco. Usando la imaginación nos recordaba a la de un barco Drakkar vikingo, aunque salvando las diferencias, ya que esto parecía algo mucho más diferente y, lo más sorprendente, antiguo. Aunque hasta que no hiciéramos las pruebas del Carbono 14 no  íbamos a poder determinar su antigüedad real. En ese momento, no podíamos ni siquiera imaginar lo que descubriríamos...

Ilustración de un Drakkar vikingo
Finalizo aquí este capítulo de mi crónica de Toda historia tiene un principio. Espero poder compartir con vosotros el siguiente muy pronto. Las cosas se están precipitando ahora pero la parte más dura de trabajo ya se ha completado. Estoy agotado pero muy ilusionado. Siento nervios en el estómago al pensar que cada vez está más cerca el día en el que pueda presentar el resultado de mi mayor trabajo e investigación tras cerca de doce años de esfuerzos. ¿Será aceptada? ¿Creará un terremoto en los estamentos de la arqueología? ¿Me tacharán de loco? 

Habrá que esperar para conocer la respuesta de esas preguntas. Hasta entonces, agradeceros como siempre vuestro constante apoyo seguidores de Hyperborea Existe. Ya sois más de seiscientos los que me seguís en Facebook. Un abrazo.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Diez años investigando a los Neandertales que habitaron Madrid

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, vuelvo a vosotros tras una larga ausencia causada por la acumulación de trabajo y la campaña veraniega de investigación de campo en alta mar y en la isla de Jan Mayen. Son muchos los datos recopilados y cosas que quiero contaros, pero hasta que no finalicemos toda la recopilación, atemos todos los cabos sueltos y terminemos el dossier completo, compuesto por centenares de fotografías, videos, pruebas documentales y restos rescatados... me temo que voy a seguir espaciando mis actualizaciones.

He tenido la oportunidad de venir a Madrid unos días para ver a mi esposa y reunirme con buenos colegas españoles para compartir impresiones. Es por eso que hoy quiero actualizar el blog hablando de unos grandes profesionales y colegas, Enrique Baquedano, Juan Luis Arsuaga y Alfredo Pérez-González. Ellos tres son los codirectores del proyecto científico que estudia los yacimientos paleontológicos de Pinilla del Valle. Celebran su décimo aniversario de trabajo y gracias a ellos, y al excelente equipo de profesionales que los ayudan hoy podemos saber mucho más sobre los Neandertales.

Es por ello que quiero transcribir la noticia que les ha dedicado El Mundo sobre su trabajo, se lo merecen:

Juan Luis Arsuaga con sus colegas en el yacimiento de Pinilla del Valle. | A. Heredia 
Juan Luis Arsuaga con sus colegas en el yacimiento de Pinilla del Valle. | A. Heredia

"Este lugar era el Ngorongoro. Un valle con fauna africana, rinocerontes, leones o hienas, y también euroasiática, como osos y lobos. Y los neandertales cazando, refugiados en pequeñas cuevas. Un lugar lleno de vida y de muerte". Así era hace 100.000 años el paraje de la sierra madrileña en el que se encuentran los yacimientos paleontológicos de Pinilla del Valle, en palabras de Enrique Baquedano, codirector de un proyecto científico que celebra creciendo su décimo aniversario.
El cerro en el que se excava cada vez parece más un queso gruyère y en cada agujero hay sorpresas para el equipo científico que quiere convertir el lugar en un punto de referencia de los neandertales que vivieron en el centro de la península, milenios antes de que dieran su último suspiro en Gibraltar. En esta campaña, más de un centenar de personas trabajan de sol a sol, hasta mediados de septiembre, buscando restos de aquellos parientes que nos dejaron parte de su ADN, mejorando nuestro sistema inmunológico, según una investigación reciente.
Lo que hoy es un pequeño pueblo serrano y chalets de fin de semana de los madrileños, en torno a un embalse, hace muchos milenios era un valle angosto, de origen tectónico, con buenos pastos y un arroyo, el de Navalmaíllo, a cuyas orillas bebían los animales.
En una de las orillas había un cerro horadado, un sistema kárstico similar al de Atapuerca que el agua había ido agujereando con el tiempo, y que daba refugio a aquellos humanos en un periodo en el que no hacía mucho frío, por la fauna que les rodeaba.

Excavaciones en el yacimiento de Pinilla del Valle. | A. Heredia
Restos prehistóricos

Los primeros restos de aquellos nómadas, cazadores y recolectores, del Pleistoceno se encontraron, como suele suceder, al hacer el camino de mantenimiento que rodea el embalse, en los años 80. En ese lugar está el yacimiento Cueva Camino, hoy sin actividad, pero que en su día, hace unos 90.000 años, fue un cubil de hienas al que llevaban restos de sus banquetes, incluso de neandertales.
El paleontólogo Juan Luis Arsuaga, otro de los tres codirectores, junto con Baquedano y el geólogo Alfredo Pérez-González, explica que fue allí donde salieron las dos muelas de neandertales que abrieron la mina. "Se encontraron en los años 80, cuando se pensaba que era una cueva de neandertales y no de hienas. Por entonces, el clima era más cálido que ahora. Había gamos y hasta tortugas mediterráneas", explica Arsuaga mientras recorre, como cada día, los yacimientos para ver in situ los trabajos.
Fue en el año 2001 cuando se retomaron los trabajos en Pinilla del Valle, con un proyecto científico financiado por la Comunidad de Madrid, el Ministerio de Cultura y Mahou. Y encontraron, no muy lejos, una cueva hundida en la que si habían vivido los homínidos algunos periodos estacionales hace 77.000 años, que es el nivel que excaban ahora.
Allí hay restos de los rinocerontes, los ciervos y los caballos que se comieron, y de al menos dos hogueras y una sorprendente infinidad de diminutas lascas de piedra de la tecnología musteriense, típica de los neandertales. "Se comían hasta el tuétano", apunta Arsuaga.

Excavaciones en una cueva de Pinilla del Valle. | A. Heredia
Aprovechamiento de los recursos

Pero lo que le trae de cabeza es cómo eran capaces de sacar provecho de unas piedras de muy mal material que hay en la zona. "Aquí no hay buen sílex, es cuarzo, pero se adaptaron y lo tallaban, no se iban a dos kilómetros donde hay materiales mejores", explica.
Su compañera, Marina Mosquera, deja la piqueta para plantear otra curiosa hipótesis: "Muchas lascas son diminutas y los núcleos de donde las sacan, bien pudiera ser que las usaran los niños para practicar, que no fueran deseadas". A pocos metros está la Cueva de la Buena Pinta, bautizada así en 2003 por las grandes posibilidades que los investigadores veían en sus sedimentos. De momentose han encontrado dos dientes neandertales.
También este lugar, comenta Arsuaga, fue cubil de hienas hace unos 50.000 años. Y hay otro misterio sin resolver: "Si hay dos dientes... ¿Dónde está el resto de la mandíbula?", se pregunta el paleontólogo, impaciente por tenerla en sus manos.
Ya en lo que es la parte superior del cerro está la Cueva Des-Cubierta, en cuyos sedimentos asoma la cabeza de un gigantesco toro que debió tener tonelada y media de peso. Abierta en 2009, aún está en discusión científica cómo era su configuración. Alfredo Pérez defiende que no tenía techo cuando los homínidos se refugiaron allí, pero no hay consenso, de momento. Tampoco se conoce en qué fechas se ocupó y qué especie fabricó los utensilios de piedra, si eran neandertales o, quien sabe, sus antepasados, los 'Homo heidelbergensis', de los que hay huellas a poca distancia.



Un fósil hallado en las excavaciones de Pinilla. | A. Heredia
Yacimientos por explorar

Los últimos yacimientos aún están por explorar. Ni siquiera tienen nombre. Son fruto del empeño de Baquedano, que a unos 300 metros de los lugares donde trabaja el equipo decidió hacer catas, con una máquina, a ver qué había en una zona donde habían encontrado fósiles y alguna herramienta. Y hubo suerte: dos cuevas más han salido a la luz, una de ellas otro cubil de hienas prehistóricas.
El objetivo último es crear en este pequeño valle madrileño un parque arqueológico que sea visitable por aquellos a quienes interesa conocer el pasado. "Sabemos que los neandertales eran grandes cazadores, que debían tener estrategias muy complejas para hacerse con algunas piezas, que ponían trampas con cuerdas hechas con piel. Es fascinante imaginárselos viendo pasar las manadas desde el alto, en lo que es el lugar más importante en el que se asentaron del centro de la península ibérica", afirma Baquedano, mientras su brazo apunta al fondo del valle.
Por la tarde, tras quitarse el polvo y el sudor, los excavadores, casi todos ello bregados en otros muchos yacimientos dentro y fuera de España, reinician la tarea, pero no en el campo, sino en el albergue juvenil Los Batanes, donde llevan los cientos de piezas rescatados durante el día. Es allí en el albergue, reconvertido en centro de investigación, donde lavan las piezas, las clasifican e intentan reconstruir el rompecabezas, que tardarán en recomponer mucho tiempo en los laboratorios a lo largo del año.
Así ocurrió con la liebre silvadora, una especie que se hacía en áreas más frías, como el Himalaya; o el topillo Vaufrey, cuya presencia sirve para datar los yacimientos porque desapareció en el paso del Pleistoceno Medio al Superior.

Esto es todo. Quiero agradecer de nuevo vuestro apoyo y, sobretodo, vuestra paciencia por espaciar tanto mis actualizaciones. Os prometo que intentaré sacar tiempo para ir compartiendo con vosotros los avances de mi investigación y mis trabajos. No solo sobre la civilización de Hyperborea, sino de todos aquellos temas relacionados o no, que crea puedan ser de vuestro interés.