jueves, 17 de marzo de 2011

¿Estaba la Atlántida en Doñana?

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, hago un inciso en mi relato de 'Toda historia tiene un principio' para comentar un tema de actualidad que se ha propagado hace unos pocos días por todos los medios. Se trata de la polémica sobre la posible ubicación de la mítica ciudad de la Atlántida (Atlantis) en el Parque Nacional de Doñana, en Cádiz, España. Esta información viene apoyada por el recién estrenado documental 'Finding Atlantis' de National Geographic. Hoy quiero profundizar sobre este tema y compartir mis impresiones sobre si se trata de algo creíble o bien no se trata más que una treta publicitaria para tener una mejor promoción.

Imagen por satélite de las marismas de Doñana.  Esta imagen es la que ha originado la investigación de Freund sobre la Atlántida en el Parque Nacional de Doñana. Se pueden observar los círculos concéntricos que podrían haber pertenecido a un asentamiento humano.
Desde que Platón hablara sobre la ciudad de la Atlántida en sus diálogos de 'Timeo y Critias' muchos han sido los que han soñado con la existencia real de esta civilización perdida. De hecho los casos de la Atlántida y de Hyperborea son parecidos, aunque guardan diferencias notables. El primero ha sido mucho más conocido y ha alimentado la fantasía pública gracias a diferentes novelas y películas. Durante años muchos han sido los expertos que han creído descubrir cual fue su localización exacta. Unos dicen que la Antártida, otros que las islas Canarias, otros en el mar Caribe, algunos incluso decían que estaba en Groenlandia. Lo que está claro es que no hay consenso internacional sobre este tema, ya que ni siquiera lo hay sobre si existió realmente o fue solo una invención metafórica de Platón.

¿Pero qué decía exactamente Platón? Pues en 'Timeo y Critia' habla de que hace más de 11.000 años, existía una isla más grande que el norte de África y Asia Menor juntas más allá de las Columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar). En ella habitaba una civilización muy avanzada que disfrutaba de un paraíso de materias primas y metales preciosos, con los que adornaban sus edificios. Esta civilización, los atlantes, tenían avanzados conocimientos de navegación y viajaban por todos los mares del mundo. Según Platón, a pesar de su carácter pacífico terminaron corrompiéndose e iniciaron una expansión agresiva por todo el Mediterráneo. Finalmente, tuvieron que enfrentarse con los atenienses quienes lograron derrotarlos y liberar así a la Humanidad del hipotético yugo atlante.Tras esta derrota, Zeus decidió hundir la isla de la Atlántida como castigo por su corrupción.

Representación gráfica de la Atlántida. Muchos han sido los autores que han realizado ilustraciones sobre como podría haber sido la mítica ciudad de la Atlántida.
 Bien, ¿y qué es lo que dicen en el documental de National Geographic? Pues el documental sigue la investigación de mi colega Richard Freund, historiador de la universidad de Hartford, Connecticut, Estados Unidos. Según él, tras estudiar varias imágenes de satélite de la zona del Estrecho de Gibraltar, Cádiz y Huelva, creyó encontrar los restos de una ciudad circular en lo que hoy es el Parque Nacional de Doñana. Anteriormente ya se habían detectado restos similares en la península Ibérica que dieron que pensar a su equipo sobre el origen de este tipo de asentamientos. Es por ello que Freund propone que los restos circulares de Doñana se tratarían de la mítica ciudad de la Atlántida, que fue borrada del mapa a causa de un tsunami de grandes proporciones.

Rodaje del documental Finding Atlantis. Richard Freund, a la derecha, durante el rodaje del documental para National Geographic.
¿Cuál es mi opinión? Antes de nada quiero aclarar un concepto que creo muy importante, el tipo de construcciones circulares, con canales y formas concéntricas es propio de la civilización de Tartesos, que habitaba en lo que hoy es España y Portugal antes de la llegada de griegos y romanos. Por lo que es importante determinar si este sistema de asentamiento circular es original de los Tartesos o bien estos fueron supervivientes de los atlantes. A día de hoy no hay ninguna prueba que demuestre que fueran descendientes de los atlantes. Por supuesto, todo puede cambiar con las pruebas que se puedan encontrar in-situ en el yacimiento en el que está trabajando el equipo de Freund.

Por el momento, a falta de más datos, me muestro escéptico sobre que realmente esos restos pertenezcan realmente a la ciudad de la Atlántida. Primero por que si tenemos que hacer caso de lo que Platón relató esta se encontraba en una isla más allá del Estrecho de Gibraltar, no dentro de la península Ibérica. Por otro lado, me echa para atrás el hecho de que National Geographic, empresa que respeto por su apoyo a la investigación y conservación, haya promulgado a los cuatro vientos que se trata de la Atlántida sin tener pruebas contundentes de ello, solo con afán promocional.

Representación de la Atlántida de la revista Muy Interesante. Se muestra un mapa con las diferentes localizaciones propuestas para la Atlántida.
No voy a negar que si National Geographic mañana llamara a la puerta para ofrecerme los fondos que necesito para proseguir con mi investigación sobre Hyperborea a cambio de un documental me sentiría profundamente tentado. Pero en ningún caso aceptaría algo así sin poder asegurar firmemente que mis pruebas son 100% fiables. Estos meses estamos trabajando muy duro con el material que recuperamos de la isla de Jan Mayen y de años anteriores. Recopilando todos los datos para poder presentar nuestra investigación en unos meses. Una vez lo hagamos esperamos recibir apoyo institucional y fondos para poder pasar a la siguiente fase para descubrir la verdad sobre la civilización Hyperborea. Os mantendré informados.

Para finalizar por hoy, quiero agradeceros como siempre vuestro apoyo y cariño, es el que alimenta mis energías y las de mis compañeros para seguir avanzando en nuestra ardua tarea.

jueves, 3 de marzo de 2011

Toda historia tiene un principio (II)

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, ha pasado más de un mes desde que me dirigí a vosotros por última vez, parece ser que los dioses se empeñen en evitar que actualice más frecuentemente pero tranquilos, que no desfallezco y aunque tarde seguiré manteniéndome en contacto con vosotros a través de este blog, con el único fin de descubrir la verdad. En mi última actualización inicié el relato de como me impliqué realmente con el mito de Hyperborea, hoy os traigo la segunda parte del mismo.

Tal como os adelanté el 7 de junio del año 2000 nos hicimos a la mar en el Blue Sea desde el puerto de Bodø, en el norte de Noruega, mis compañeros del NTNU Geir Grønvoll y Olve Raaen. El primero es un reputado experto en ecosistemas submarinos y el segundo  técnico especialista en robótica aplicada, es decir, nuestro maestro de los Barracudas 1 y 2, nuestros robots submarinos con los que ver de primera mano lo que hay en las profundidades. Yo iba en calidad de experto en arqueología submarina en caso de encontrar cualquier resto en la ruta señalada. En estos casos sucede como cuando se diseña la construcción de una autopista, previamente se tiene que hacer un estudio del impacto en el entorno y de determinar si afecta a algún resto arqueológico.

Esquema descriptivo de los elementos que componen un sistema de cable submarino.
En nuestro caso no esperábamos encontrar nada, ya que la ruta a seguir estaba alejada de todas las rutas marítimas convencionales y no había registros de ningún hundimiento en la zona, pero aún y así la normativa internacional obligaba a comprobarlo. Como os podéis imaginar no iba con muchas expectativas y, de mis compañeros, era el único que no esperaba encontrar gran cosa. Geir era el más entusiasta, ya que esta prospección iba a servirle de excusa para poder observar detenidamente ambientes marinos que de otra forma no habría podido debido a los costes necesarios. Estamos hablando de profundidades que oscilan entre los 1.000 metros y los 4.000 metros de media.

La primera semana fue bastante rutinaria. Nuestra ruta era rumbo norte-noroeste durante unos 1.000 kilómetros, tras los cuales tomaríamos rumbo este-sureste hasta llegar a Islandia. Se había desestimado la ruta directa al este ya que la Nordic Communications esperaba que ese cableado fuera una primera fase a la que seguiría otro que conectaría con Groenlandia. En el punto donde cambiaríamos de ruta estaba previsto que se instalara un interconectador que sirviera de puente entre Islandia, Groenlandia y el continente europeo en el futuro.

Cable submarino. Durante nuestras prospecciones desplegamos centenares de kilómetros de cable de acero de guía. Esta foto fue tomada por el Barracuda 1, uno de los dos robots submarinos que utilizamos durante el proyecto.
Nos despertábamos cada día sobre las 5-6 de la mañana para poder empezar a trabajar justo despuntaran los primeros rayos de sol. Nuestra rutina era la de ir de punto de camino a punto de camino (waypoints), en estos puntos, desplegábamos los Barracudas y hacíamos observaciones del fondo marino y el entorno para estudiar la viabilidad del "camino". Si era así se asignaba un nuevo punto de camino y el equipo de la Nordic Comms desplegaba el cable de acero guía que serviría para desplegar el final cuando terminara nuestro trabajo.

En nuestras observaciones nos centrábamos en diferentes aspectos, fauna local, flora, formaciones rocosas y coralinas y por mi parte, cualquier rastro de resto arqueológico que pudiera haber. El uso de los Barracudas facilitaba mucho la labor, antes de su desarrollo habría habido que ir con trajes presurizados y realizar inmersiones muy peligrosas o, directamente no comprobar in situ, donde se iba a trabajar con lo que se obviaría cualquier daño que se pudiera provocar. Esa primera semana fue bastante tranquila, sin ningún contratiempo como ya os he dicho, las cosas empezarían a ponerse interesantes durante la segunda semana. 

Pero esa parte la reservo para la siguiente actualización. Por hoy esto es todo, no puedo explayarme más ya que mis obligaciones me requieren. Estamos haciendo muchos progresos, cada vez está más cerca que podamos desvelar la verdad tras el mito de Hyperborea.

martes, 25 de enero de 2011

Toda historia tiene un principio (I)

Queridos seguidores de Hyperborea Existe espero que este inicio de año 2011 esté siendo muy provechoso para todos vosotros. Yo puedo decir que ha empezado tal como terminó el 2010, siendo un no parar de trabajar, lo cual, es algo muy positivo en los tiempos que corren. Hoy quiero empezar una serie de capítulos en los que quiero narrar, a modo de relato, el principio real de mi implicación como investigador en el mito de Hyperborea.Tal como digo en el título, toda historia tiene un principio, y este es el principio de la mía con Hyperborea.

Todo empezó hace más de diez años, era verano del año 2.000. Por aquel entonces ya llevaba más de ocho años como docente e investigador residente del NTNU (Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología). Repartía mi tiempo entre las clases de arqueología submarina y diferentes trabajos de campo que desarrollábamos para el gobierno de Noruega, diferentes instituciones y también para empresas privadas; todo ello a parte de nuestras propias investigaciones.

Edificio principal del NTNU en Trondheim, Noruega.


Como ya he dicho en anteriores ocasiones, desde pequeño siempre había tenido una especial predilección por la mitología nórdica, la de mi tierra, era y es un tema que me apasiona y nunca dejé de leer, estudiar e investigar en mis tiempos libres todo lo relacionado con la misma. En un mundo utópico, un investigador como yo debería poder vivir de sus sueños románticos dedicando su tiempo a investigar sobre ellos, pero en la vida que vivimos eso no es posible, de ahí que todos mis trabajos de campo tuvieran que estar alejados de ese área que tanto me interesaba.

No quiero decir que no encuentre interesante el rescate de pecios del siglo XVII o material de la Segunda Guerra Mundial, al revés, creo que todos los proyectos en los que había colaborado fueron muy gratificantes e importantes. Pero había algo dentro de mi que me decía que me faltaba algo, que necesitaba algo más para sentirme realizado como persona y profesional que se dedica a la investigación y exploración: un reto a la altura de mis inquietudes.

Parece que el destino decidió escuchar por fin mis deseos ocultos y en junio de 2000 el consorcio de Nordic Communications se puso en contacto con el NTNU para recibir ayuda en la realización de un estudio para ver la viabilidad y posterior supervisión del despliegue de cable submarino de fibra óptica para conectar los países nórdicos continentales con Islandia y las Islas Feroe. En total, el proyecto contemplaba el uso de más de 1.500km de cable submarino, sin duda uno de los proyectos de más envergadura en los que habíamos tenido la oportunidad de participar. Lo que teníamos que hacer, conjuntamente con la compañía contratada para llevar a cabo la 'obra' era hacer un estudio del mejor trazado, el impacto medioambiental en el fondo submarino y, en definitiva, cerciorarnos de la viabilidad del proyecto.

Mapa mostrando la red de cables submarinos a fecha de 2008 realizado por Telegeography

Para ello íbamos a llevar a cabo varias actuaciones. Primero un estudio por sonar y radar del fondo marino de la ruta sugerida por la Nordic Communications, que claramente estaba fomentada en el mayor ahorro de costes, es decir, la ruta más recta posible. Luego, una vez estudiados los resultados, si no era viable, estudiar rutas secundarias y repetir el primer paso. Si era viable, llevar un despliegue de prueba con un cable submarino de acero simple, que debería determinar las condiciones reales en el fondo marino y permitirnos detectar los puntos de mayor riesgo y que iban a requerir actuaciones adicionales a la hora de realizar el despliegue definitivo.

Así que tras todos los estudios preliminares cogimos el petate y nos embarcamos en el Blue Sea, el barco fletado por la Nordic Communications. Me acompañaban mis compañeros del NTNU Geir Grønvoll y Olve Raaen y los dos pequeños, pero muy útiles, mini robots submarinos Barracuda 1 y Barracuda 2 del NTNU, que iban a ser imprescindibles para la observación directa de lo que sucediera en el fondo marino al desplegar el cable de acero de prueba.

Era el 7 de junio de 2000, nos esperaba un mes de mucho trabajo en alta mar...

Continuará...

viernes, 17 de diciembre de 2010

¡Un año ya de Hyperborea Existe!

Hace poco más de un año tomé la decisión de abrir este blog como una ventana al resto del mundo en la que compartir mis conocimientos y visión sobre la mitología nórdica, la historia y la arqueología submarina. Pero también un lugar donde, llegado el momento, poder hablar sobre una de mis investigaciones más complejas y, a la vez, que más me entusiasman, la del estudio del mito de Hyperborea y la posibilidad de que esta civilización haya existido realmente como apuntan diferentes hallazgos que he hecho en los últimos años.


Mi conocimiento sobre el mito de Hyperborea se remonta a mi infancia, ya en ese entonces era un ávido lector de todo tipo de literatura relacionada con la historia antigua, incluyendo a los filósofos e historiadores griegos. A parte, me encantaba toda la parte del mito que tan ligada ha estado a nuestra historia, desde las leyendas hasta los relatos contados por tradición oral, más tarde recogidos en diferentes escritos. Fue en esa época cuando empecé a leer sobre Hyperborea, primero en varios escritos griegos, como los de Herodoto donde ya se hacía mención o en los poemas de Píndaro. Pero quizás lo que más me llamó la atención que leyendo escritos y fuentes de otras culturas, como los de la milenaria china, existían también registros que hablaban sobre un mito similar. Para los que lleguéis nuevos al blog de Hyperborea Existe os refrescaré la memoria.

Hace decenas de miles de años existió una civilización llamada Hyperborea, localizada según algunas fuentes griegas al norte del Danubio, otras asiáticas en Siberia, y otras de ambos lugares al norte de Europa, tras el gran viento del norte, donde nunca se ponía el sol. Esta civilización estaba muy avanzada y constaba de una raza de humanos que podían vivir muchos años y gozaban de una salud plena con la que no temían a las enfermedades. Se decía también que su tierra, algunos hablan de un continente, otros de una isla, contaba un clima benigno de primavera permanente, a salvo del hielo que asolaba del norte al sur de Europa y Asia con las últimas glaciaciones.



Hyperborea fue un recurso muy utilizado para los textos griegos y era conocida como un lugar al que los titanes primero, y luego los dioses, visitaban con frecuencia. Lo paradójico es, que al igual como sucede con el mito de la Atlántida, todo registro sobre que pasó desaparece, presumiblemente por un cataclismo aunque aquí hay muchas voces que no se ponen de acuerdo. El asunto es que mientras por un lado, no tenemos ninguna fuente o registro sobre la existencia exacta de este mito, si que tenemos registros de diferentes culturas, todas ellas alejadas geográficamente, a las que les llegan ecos de un mismo mito, de un mismo lugar, de una misma civilización que ha desaparecido. Es en este punto donde ya de joven, mi interés se acrecienta enormemente. Aún y así aparco el tema como un pasatiempo en mis tiempos libres ya que los estudios primero y luego la docencia ocupan todo mi tiempo.

No es hasta años más tarde en los que se permite profundizar en la investigación gracias al NTNU y amplio circunstancialmente mis conocimientos sobre arqueología submarina cuando vuelve a despertar en mi la llama de la curiosidad sobre que sucedió con la civilización de Hyperborea. ¿Existió realmente? ¿Fue tan solo fruto de la inventiva de autores de diferentes culturas que por azar coincidieron en hablar de lo mismo? Empecé a trabajar de forma práctica, no solo teórica y cada vez participaba en más sumersiones submarinas para el NTNU ya fuera como parte de estudios sobre pecios o bien privado para compañías energéticas o de cableado de comunicaciones.



El punto de inflexión llegó en una de estas investigaciones de campo que llevamos a cabo, en la que el destino quiso que participara en el último momento, donde surgió la llama de lo inesperado e inexplicable. Aquello que hace que una mente científica y racional se cuestione el todo por el todo, intente dejar de lado todo lo que da por supuesto e intente aprender de cero lo que tiene delante de si sin prejuicios. Ese fue el comienzo del camino, una epopeya que aún prosigue después de tantos años y que espero que finalice con la respuesta exacta a la gran pregunta. ¿Existió realmente la civilización de Hyperborea? Y de ser así ¿Dónde y cuándo y porqué desapareció? Estos son los enigmas que espero poder descubrir, con vosotros de testigos, en este 2011 que está al llegar.

Como no puede ser de otra forma, deseo terminar mi actualización de hoy dando las gracias a todos los que seguís este blog, por vuestro apoyo, por compartirlo con vuestras amistades. Ya sois más de 500 los que lo seguís por Facebook, una cifra que no habría creído posible el día que me propusieron crear el blog y tener una página en una red social del mismo.

¡Muchas gracias seguidores de Hyperborea Existe!

sábado, 6 de noviembre de 2010

Los cuchillos de hace 75.000 años

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, vuelvo con vosotros con un tema muy interesante que ha saltado a la palestra mediática a tenor de un artículo publicado en el número de octubre de la revista Science. En concreto quiero hablaros sobre el uso de herramientas y armas avanzadas de piedra por el hombre moderno y antecesores como el Homo Erectus o el Neanderthal.

Humano primitivo haciendo uso de una piedra. No solo los humanos modernos utilizaron herramientas de piedra, sino que otros humanos anteriores lo hicieron, como el Homo habilis, el Homo erectus, el Neanderthal y el recientemente descubierto Homo floresiensis.

Hasta ahora se tenía el convencimiento de que este tipo de utensilios no fueron desarrollados hasta hace 20.000 años. Ojo, hablamos de objetos avanzados y elaborados como cuchillos afilados, hachas o puntas de lanza y de flecha, ya que el uso de piedras por diferentes tipos de homínidos empezó hace entre dos y tres millones de años. Ahora sabemos que la técnica para fabricar cuchillos afilados fue desarrollada hace 75.000 años gracias a un reciente estudio elaborado por un equipo de especialistas liderados por Paola Villa y Christopher Henshilwood de la Universidad Witwatersrand de Johannesburgo, Sudáfrica, y de la Universidad de Colorado, en Boulder, Estados Unidos.

Cuchillo afilado de piedra de hace 75.000 años. Un estudio publicado en octubre de 2010 demuestra que el hombre moderno empezó a usar este tipo de utensilios 55.000 años de lo que se creía.
El estudio ha sido elaborado a partir del análisis de los objetos arqueológicos hallados en una cueva de Sudáfrica conocida por el nombre de Blombos, lugar donde ya se habían encontrado muchos indicios sobre la vida y el comportamiento de los hombres de la Edad de Piedra. Lo importante del caso es que hasta ahora se creía que esta técnica, la elaboración de objetos avanzados de piedra, había surgido en Europa occidental (Francia) hace tan solo 20.000 años.

La técnica, que recibe el nombre de "Pressure-Flaking", consiste en presionar sobre una piedra en bruto sobre los cantos con un hueso de un animal u otra herramienta, de tal modo que se eliminen finas escamas de piedra. Así se obtenían cantos muy afilados, ideales para ser usados en herramientas o armas para cazar y combatir. Algunos tipos de piedra pueden ser trabajados directamente de esta manera, mientras que otros deben ser calentados previamente. Esta "avanzada" tecnología pudo haber conferido una gran superioridad a los grupos humanos que emigraron fuera de África hace más de 60.000 años.

Hacha de mano utilizada por el Homo erectus. Hace 100.000 años los Homo erectus ya utilizaban hachas de piedra para cazar y combatir a sus enemigos.

Me parece muy interesante este estudio, ya que es otro paso más en demostrar que muchas de las cosas que creíamos inamovibles en lo referente a la arqueología no lo son. Parece que los humanos empezaron a desarrollar técnicas avanzadas y a usar herramientas mucho antes de lo que se creía. Esto se relaciona con parte de mis investigaciones en la isla de Jan Mayen y a restos recuperados del fondo marino. ¿Y si el trabajo con piedra no es el único que se desarrolló antes de lo pensado? ¿Y si tecnologías y técnicas como la navegación, uso de ciertos tipos de metales, construcción, se hubiesen desarrollado antes de lo que creemos pero por el azar se hubiesen perdido en el tiempo sus verdaderos orígenes?

Son muchas las preguntas que surgen y las respuestas provocan nuevas preguntas a su vez. Estoy convencido de que si seguimos trabajando arduamente como hasta ahora, con paciencia y esfuerzo, podremos ir respondiendo a cada una de ellas para poder completar de forma más exacta cuales son nuestros orígenes y nuestra evolución como civilización. Voy a seguir trabajando duramente para poder compartir con vosotros todas las claves de mi investigación para que así todos juntos desvelemos los misterios de la civilización de Hyperborea.

¡Hasta pronto seguidores de Hyperborea Existe!









viernes, 8 de octubre de 2010

La conservación de restos arqueológicos

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, este mes de septiembre pasado ha sido más complicado de lo que esperaba, con varios imprevistos, y me ha sido imposible actualizar antes el blog como era mi intención, os pido disculpas. En esta actualización os quiero introducir a uno de los aspectos más importantes tras realizar una excavación o prospección submarina en la que se rescatan restos arqueológicos: su conservación. La conservación de lo que se quiere rescatar influye enormemente en la planificación de todo proyecto e investigación, ya que requiere de un estudio minucioso de todo lo que se va a sacar, del lugar, de las condiciones a las que han estado sometidos los restos y los medios logísticos disponibles tanto para la extracción como para la conservación.

Pieza de cerámica reconstruida de Italia. No siempre es posible recuperar materiales intactos por lo que es necesario una labor de reconstrucción y conservación para poder devolverlos a su estado original.
La conservación debe ser parte vital de cualquier proyecto arqueológico; esto es especialmente cierto cuando hablamos de sitios de excavación húmedos o submarinos como pantanos, ríos y mares u océanos. En aquellos puntos donde el agua salada esté presente es donde los conservadores encuentran su mayor reto. Este es un problema al que colegas míos y yo mismo hemos tenido que hacer frente durante muchos años y os aseguro que presenta un reto muy complicado de hacer frente.

Los artefactos provenientes de entornos marinos están saturados con sales que deben ser removidas una vez se recuperan los mismos. Además, el ambiente de agua salada acelera los procesos de corrosión de la mayoría de artefactos de metal. Si las sales no son extraídas y los artefactos son tratados de forma descuidada es más que seguro que, con el tiempo, se deterioren y se vuelvan inútiles para su estudio, diagnóstico o bien para su contemplación como muestras de museo.

Incrustación proveniente del sitio de excavación submarino de San Estevan de tres galeones de la flota de plata española (1554 ).Esta incrustación en la que se encontraron dos anclas, un cañón con su soporte y materiales diversos media 4 metros de largo y tenía un peso de 2 toneladas.
Es por ello que antes de iniciar cualquier excavación, el director del proyecto arqueológico debe tener en cuenta los siguientes factores:

  1. Anticipar que va a ser encontrado en el proyecto arqueológico, ya sea con un sondeo, pruebas o una excavación a gran escala.
  2. Ser consciente de los tipos de roturas, corrosiones y degradaciones que pueda tener el material recuperado.
  3. Tener una persona con experiencia en conservación in situ para ayudar con las excavaciones y asegurarse de que los objetos recuperados sean tratados correctamente.
  4. Haz todos los preparativos para la conversación antes de iniciar ninguna operación en la que se puedan recuperar artefactos. Esto implica contratar a un laboratorio existente o bien estableciendo unas instalaciones especiales para el proyecto. Si se decide por esto último, hay que asegurarse de que el laboratorio este adecuadamente equipado y dirigido por un conservador con experiencia en el campo de la conservación arqueológica submarina. Todos los artefactos recuperados de una excavación submarina deben estar siempre bajo control directo de un conservador con experiencia hasta que hayan sido estabilizados.
  5. Siempre tened en cuenta que esto es un proyecto arqueológico, y que un proyecto así no se detiene en el campo, sino que prosigue en el laboratorio. La información arqueológica básica y crucial se recoge tanto en la excavación como en el laboratorio. La información y los registros de tanto la excavación como el laboratorio de conservación han de ser sintetizadas para permitir que los registros arqueológicos puedan ser interpretados correctamente. 
Piezas de cerámica rota de Italia. Cuando se recuperan objetos fragmentados, es importante hacer un registro de cada pieza encontrada y una vez recuperados todos los materiales y que hayan sido estabilizados se pueden iniciar los trabajos de restauración.

Aunque todo esto que he puesto pueda parecer obvio, a lo largo de los años que llevo trabajando en proyectos arqueológicos submarinos he podido contar incontables veces en las que por culpa de no seguir unas premisas tan básicas se han deteriorado o perdido restos de incalculable valor, generalmente por falta de experiencia de las personas al cargo. En mi caso, la correcta conservación siempre ha sido una de mis premisas a la hora de trabajar en proyectos marinos y algo en lo que pongo especial énfasis en ayudantes y colaboradores. El océano es un medio muy corrosivo y es por ello que es complicado recuperar restos antiguos, es por eso que hay que poner más cuidado si cabe a la hora de recuperar cualquier material para no destruir aquello que la naturaleza no ha podido en cientos o miles de años.

Pero volviendo a los métodos de conservación, la mayoría de las veces nos encontramos con objetos en el fondo del mar que se encuentran incrustados debido a los carbonatos marinos. Estos casos esconden un reto aún mayor y deben ser evaluados críticamente para determinar la presencia y condiciones de los metales, materiales orgánicos asociados y cualquier otro material como cerámica o vidrio. Solo una vez que se ha evaluado cada artefacto y se han considerado todas las opciones se debe tomar una decisión sobre cual debe ser el siguiente paso.

Restos recuperados de un navío naufragado en la costa de Maryland, Estados Unidos. Tras la recuperación, estabilización y rehabilitación, las piezas pueden ser catalogadas y preparadas para ser mostradas en un museo.
No quiero alargarme mucho sobre este tema ya que da para muchas actualizaciones, pero quería ilustraros en esta ocasión sobre esto ya que ha sido uno de los principales motivos para estar tan ocupado durante el mes de septiembre y, para que engañarnos, aún voy a seguir una temporada. El proceso de conservación, restauración y catalogación puede llevar mucho más de lo que esperado según el estado de los objetos recuperados y el entorno en el que se encontraran. Esto implica no solo trabajo manual, sino uso de soluciones químicas, uso de rayos X y otras diferentes técnicas avanzadas incluyendo tomografías 3D. Este verano tuvimos la suerte de poder recuperar diferentes piezas del fondo marino que están resultando ser de lo más interesantes e intrigantes a la vez. Espero que podamos terminar pronto con las labores para restaurarlas y descifrar así la historia que escondían en su escondite del fondo marino cerca de la isla de Jan Mayen.

Como siempre agradeceros a todos vuestro apoyo continuado y espero volver a estar con vosotros muy pronto. ¡Hasta pronto seguidores de Hyperborea Existe!


Nota: Agradecimiento al departamento de planificación de Maryland por las fotografías y a la A&M Texas University por su siempre concienzuda labor para la concienciación sobre la necesidad de conservación correcta de los restos arqueológicos.

La conservación de restos arqueológicos

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, este mes de septiembre pasado ha sido más complicado de lo que esperaba, con varios imprevistos, y me ha sido imposible actualizar antes el blog como era mi intención, os pido disculpas. En esta actualización os quiero introducir a uno de los aspectos más importantes tras realizar una excavación o prospección submarina en la que se rescatan restos arqueológicos: su conservación. La conservación de lo que se quiere rescatar influye enormemente en la planificación de todo proyecto e investigación, ya que requiere de un estudio minucioso de todo lo que se va a sacar, del lugar, de las condiciones a las que han estado sometidos los restos y los medios logísticos disponibles tanto para la extracción como para la conservación.

Pieza de cerámica reconstruida de Italia. No siempre es posible recuperar materiales intactos por lo que es necesario una labor de reconstrucción y conservación para poder devolverlos a su estado original.
La conservación debe ser parte vital de cualquier proyecto arqueológico; esto es especialmente cierto cuando hablamos de sitios de excavación húmedos o submarinos como pantanos, ríos y mares u océanos. En aquellos puntos donde el agua salada esté presente es donde los conservadores encuentran su mayor reto. Este es un problema al que colegas míos y yo mismo hemos tenido que hacer frente durante muchos años y os aseguro que presenta un reto muy complicado de hacer frente.

Los artefactos provenientes de entornos marinos están saturados con sales que deben ser removidas una vez se recuperan los mismos. Además, el ambiente de agua salada acelera los procesos de corrosión de la mayoría de artefactos de metal. Si las sales no son extraídas y los artefactos son tratados de forma descuidada es más que seguro que, con el tiempo, se deterioren y se vuelvan inútiles para su estudio, diagnóstico o bien para su contemplación como muestras de museo.

Incrustación proveniente del sitio de excavación submarino de San Estevan de tres galeones de la flota de plata española (1554 ).Esta incrustación en la que se encontraron dos anclas, un cañón con su soporte y materiales diversos media 4 metros de largo y tenía un peso de 2 toneladas.
Es por ello que antes de iniciar cualquier excavación, el director del proyecto arqueológico debe tener en cuenta los siguientes factores:

  1. Anticipar que va a ser encontrado en el proyecto arqueológico, ya sea con un sondeo, pruebas o una excavación a gran escala.
  2. Ser consciente de los tipos de roturas, corrosiones y degradaciones que pueda tener el material recuperado.
  3. Tener una persona con experiencia en conservación in situ para ayudar con las excavaciones y asegurarse de que los objetos recuperados sean tratados correctamente.
  4. Haz todos los preparativos para la conversación antes de iniciar ninguna operación en la que se puedan recuperar artefactos. Esto implica contratar a un laboratorio existente o bien estableciendo unas instalaciones especiales para el proyecto. Si se decide por esto último, hay que asegurarse de que el laboratorio este adecuadamente equipado y dirigido por un conservador con experiencia en el campo de la conservación arqueológica submarina. Todos los artefactos recuperados de una excavación submarina deben estar siempre bajo control directo de un conservador con experiencia hasta que hayan sido estabilizados.
  5. Siempre tened en cuenta que esto es un proyecto arqueológico, y que un proyecto así no se detiene en el campo, sino que prosigue en el laboratorio. La información arqueológica básica y crucial se recoge tanto en la excavación como en el laboratorio. La información y los registros de tanto la excavación como el laboratorio de conservación han de ser sintetizadas para permitir que los registros arqueológicos puedan ser interpretados correctamente. 
Piezas de cerámica rota de Italia. Cuando se recuperan objetos fragmentados, es importante hacer un registro de cada pieza encontrada y una vez recuperados todos los materiales y que hayan sido estabilizados se pueden iniciar los trabajos de restauración.

Aunque todo esto que he puesto pueda parecer obvio, a lo largo de los años que llevo trabajando en proyectos arqueológicos submarinos he podido contar incontables veces en las que por culpa de no seguir unas premisas tan básicas se han deteriorado o perdido restos de incalculable valor, generalmente por falta de experiencia de las personas al cargo. En mi caso, la correcta conservación siempre ha sido una de mis premisas a la hora de trabajar en proyectos marinos y algo en lo que pongo especial énfasis en ayudantes y colaboradores. El océano es un medio muy corrosivo y es por ello que es complicado recuperar restos antiguos, es por eso que hay que poner más cuidado si cabe a la hora de recuperar cualquier material para no destruir aquello que la naturaleza no ha podido en cientos o miles de años.

Pero volviendo a los métodos de conservación, la mayoría de las veces nos encontramos con objetos en el fondo del mar que se encuentran incrustados debido a los carbonatos marinos. Estos casos esconden un reto aún mayor y deben ser evaluados críticamente para determinar la presencia y condiciones de los metales, materiales orgánicos asociados y cualquier otro material como cerámica o vidrio. Solo una vez que se ha evaluado cada artefacto y se han considerado todas las opciones se debe tomar una decisión sobre cual debe ser el siguiente paso.

Restos recuperados de un navío naufragado en la costa de Maryland, Estados Unidos. Tras la recuperación, estabilización y rehabilitación, las piezas pueden ser catalogadas y preparadas para ser mostradas en un museo.
No quiero alargarme mucho sobre este tema ya que da para muchas actualizaciones, pero quería ilustraros en esta ocasión sobre esto ya que ha sido uno de los principales motivos para estar tan ocupado durante el mes de septiembre y, para que engañarnos, aún voy a seguir una temporada. El proceso de conservación, restauración y catalogación puede llevar mucho más de lo que esperado según el estado de los objetos recuperados y el entorno en el que se encontraran. Esto implica no solo trabajo manual, sino uso de soluciones químicas, uso de rayos X y otras diferentes técnicas avanzadas incluyendo tomografías 3D. Este verano tuvimos la suerte de poder recuperar diferentes piezas del fondo marino que están resultando ser de lo más interesantes e intrigantes a la vez. Espero que podamos terminar pronto con las labores para restaurarlas y descifrar así la historia que escondían en su escondite del fondo marino cerca de la isla de Jan Mayen.

Como siempre agradeceros a todos vuestro apoyo continuado y espero volver a estar con vosotros muy pronto. ¡Hasta pronto seguidores de Hyperborea Existe!


Nota: Agradecimiento al departamento de planificación de Maryland por las fotografías y a la A&M Texas University por su siempre concienzuda labor para la concienciación sobre la necesidad de conservación correcta de los restos arqueológicos.