lunes, 12 de septiembre de 2011

Diez años investigando a los Neandertales que habitaron Madrid

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, vuelvo a vosotros tras una larga ausencia causada por la acumulación de trabajo y la campaña veraniega de investigación de campo en alta mar y en la isla de Jan Mayen. Son muchos los datos recopilados y cosas que quiero contaros, pero hasta que no finalicemos toda la recopilación, atemos todos los cabos sueltos y terminemos el dossier completo, compuesto por centenares de fotografías, videos, pruebas documentales y restos rescatados... me temo que voy a seguir espaciando mis actualizaciones.

He tenido la oportunidad de venir a Madrid unos días para ver a mi esposa y reunirme con buenos colegas españoles para compartir impresiones. Es por eso que hoy quiero actualizar el blog hablando de unos grandes profesionales y colegas, Enrique Baquedano, Juan Luis Arsuaga y Alfredo Pérez-González. Ellos tres son los codirectores del proyecto científico que estudia los yacimientos paleontológicos de Pinilla del Valle. Celebran su décimo aniversario de trabajo y gracias a ellos, y al excelente equipo de profesionales que los ayudan hoy podemos saber mucho más sobre los Neandertales.

Es por ello que quiero transcribir la noticia que les ha dedicado El Mundo sobre su trabajo, se lo merecen:

Juan Luis Arsuaga con sus colegas en el yacimiento de Pinilla del Valle. | A. Heredia 
Juan Luis Arsuaga con sus colegas en el yacimiento de Pinilla del Valle. | A. Heredia

"Este lugar era el Ngorongoro. Un valle con fauna africana, rinocerontes, leones o hienas, y también euroasiática, como osos y lobos. Y los neandertales cazando, refugiados en pequeñas cuevas. Un lugar lleno de vida y de muerte". Así era hace 100.000 años el paraje de la sierra madrileña en el que se encuentran los yacimientos paleontológicos de Pinilla del Valle, en palabras de Enrique Baquedano, codirector de un proyecto científico que celebra creciendo su décimo aniversario.
El cerro en el que se excava cada vez parece más un queso gruyère y en cada agujero hay sorpresas para el equipo científico que quiere convertir el lugar en un punto de referencia de los neandertales que vivieron en el centro de la península, milenios antes de que dieran su último suspiro en Gibraltar. En esta campaña, más de un centenar de personas trabajan de sol a sol, hasta mediados de septiembre, buscando restos de aquellos parientes que nos dejaron parte de su ADN, mejorando nuestro sistema inmunológico, según una investigación reciente.
Lo que hoy es un pequeño pueblo serrano y chalets de fin de semana de los madrileños, en torno a un embalse, hace muchos milenios era un valle angosto, de origen tectónico, con buenos pastos y un arroyo, el de Navalmaíllo, a cuyas orillas bebían los animales.
En una de las orillas había un cerro horadado, un sistema kárstico similar al de Atapuerca que el agua había ido agujereando con el tiempo, y que daba refugio a aquellos humanos en un periodo en el que no hacía mucho frío, por la fauna que les rodeaba.

Excavaciones en el yacimiento de Pinilla del Valle. | A. Heredia
Restos prehistóricos

Los primeros restos de aquellos nómadas, cazadores y recolectores, del Pleistoceno se encontraron, como suele suceder, al hacer el camino de mantenimiento que rodea el embalse, en los años 80. En ese lugar está el yacimiento Cueva Camino, hoy sin actividad, pero que en su día, hace unos 90.000 años, fue un cubil de hienas al que llevaban restos de sus banquetes, incluso de neandertales.
El paleontólogo Juan Luis Arsuaga, otro de los tres codirectores, junto con Baquedano y el geólogo Alfredo Pérez-González, explica que fue allí donde salieron las dos muelas de neandertales que abrieron la mina. "Se encontraron en los años 80, cuando se pensaba que era una cueva de neandertales y no de hienas. Por entonces, el clima era más cálido que ahora. Había gamos y hasta tortugas mediterráneas", explica Arsuaga mientras recorre, como cada día, los yacimientos para ver in situ los trabajos.
Fue en el año 2001 cuando se retomaron los trabajos en Pinilla del Valle, con un proyecto científico financiado por la Comunidad de Madrid, el Ministerio de Cultura y Mahou. Y encontraron, no muy lejos, una cueva hundida en la que si habían vivido los homínidos algunos periodos estacionales hace 77.000 años, que es el nivel que excaban ahora.
Allí hay restos de los rinocerontes, los ciervos y los caballos que se comieron, y de al menos dos hogueras y una sorprendente infinidad de diminutas lascas de piedra de la tecnología musteriense, típica de los neandertales. "Se comían hasta el tuétano", apunta Arsuaga.

Excavaciones en una cueva de Pinilla del Valle. | A. Heredia
Aprovechamiento de los recursos

Pero lo que le trae de cabeza es cómo eran capaces de sacar provecho de unas piedras de muy mal material que hay en la zona. "Aquí no hay buen sílex, es cuarzo, pero se adaptaron y lo tallaban, no se iban a dos kilómetros donde hay materiales mejores", explica.
Su compañera, Marina Mosquera, deja la piqueta para plantear otra curiosa hipótesis: "Muchas lascas son diminutas y los núcleos de donde las sacan, bien pudiera ser que las usaran los niños para practicar, que no fueran deseadas". A pocos metros está la Cueva de la Buena Pinta, bautizada así en 2003 por las grandes posibilidades que los investigadores veían en sus sedimentos. De momentose han encontrado dos dientes neandertales.
También este lugar, comenta Arsuaga, fue cubil de hienas hace unos 50.000 años. Y hay otro misterio sin resolver: "Si hay dos dientes... ¿Dónde está el resto de la mandíbula?", se pregunta el paleontólogo, impaciente por tenerla en sus manos.
Ya en lo que es la parte superior del cerro está la Cueva Des-Cubierta, en cuyos sedimentos asoma la cabeza de un gigantesco toro que debió tener tonelada y media de peso. Abierta en 2009, aún está en discusión científica cómo era su configuración. Alfredo Pérez defiende que no tenía techo cuando los homínidos se refugiaron allí, pero no hay consenso, de momento. Tampoco se conoce en qué fechas se ocupó y qué especie fabricó los utensilios de piedra, si eran neandertales o, quien sabe, sus antepasados, los 'Homo heidelbergensis', de los que hay huellas a poca distancia.



Un fósil hallado en las excavaciones de Pinilla. | A. Heredia
Yacimientos por explorar

Los últimos yacimientos aún están por explorar. Ni siquiera tienen nombre. Son fruto del empeño de Baquedano, que a unos 300 metros de los lugares donde trabaja el equipo decidió hacer catas, con una máquina, a ver qué había en una zona donde habían encontrado fósiles y alguna herramienta. Y hubo suerte: dos cuevas más han salido a la luz, una de ellas otro cubil de hienas prehistóricas.
El objetivo último es crear en este pequeño valle madrileño un parque arqueológico que sea visitable por aquellos a quienes interesa conocer el pasado. "Sabemos que los neandertales eran grandes cazadores, que debían tener estrategias muy complejas para hacerse con algunas piezas, que ponían trampas con cuerdas hechas con piel. Es fascinante imaginárselos viendo pasar las manadas desde el alto, en lo que es el lugar más importante en el que se asentaron del centro de la península ibérica", afirma Baquedano, mientras su brazo apunta al fondo del valle.
Por la tarde, tras quitarse el polvo y el sudor, los excavadores, casi todos ello bregados en otros muchos yacimientos dentro y fuera de España, reinician la tarea, pero no en el campo, sino en el albergue juvenil Los Batanes, donde llevan los cientos de piezas rescatados durante el día. Es allí en el albergue, reconvertido en centro de investigación, donde lavan las piezas, las clasifican e intentan reconstruir el rompecabezas, que tardarán en recomponer mucho tiempo en los laboratorios a lo largo del año.
Así ocurrió con la liebre silvadora, una especie que se hacía en áreas más frías, como el Himalaya; o el topillo Vaufrey, cuya presencia sirve para datar los yacimientos porque desapareció en el paso del Pleistoceno Medio al Superior.

Esto es todo. Quiero agradecer de nuevo vuestro apoyo y, sobretodo, vuestra paciencia por espaciar tanto mis actualizaciones. Os prometo que intentaré sacar tiempo para ir compartiendo con vosotros los avances de mi investigación y mis trabajos. No solo sobre la civilización de Hyperborea, sino de todos aquellos temas relacionados o no, que crea puedan ser de vuestro interés.

viernes, 20 de mayo de 2011

Toda historia tiene un principio (III)

Retomo mis andanzas virtuales después de un vacío que ha durado más tiempo del que me habría gustado, las cosas se han complicado durante estos meses y me ha sido posible sacar tiempo siquiera para poder actualizar el blog, por ello os pido mis más sinceras disculpas a todos los seguidores de Hyperborea Existe. Como no podía ser de otra forma, retomo mis publicaciones con una nueva entrega de la serie 'Toda historia tiene un principio' en la que narro como fue mi implicación profesional y académica con el mito de Hyperborea.

Tal como conté en la segunda entrega de esta serie de crónicas, la primera semana de trabajo y observaciones fue muy tranquila y rutinaria, sin ningún imprevisto. La segunda empezó igual, sin novedades hasta que llegó el décimo segundo día de prospección submarina. Olve, Geir y yo nos habíamos despertado como de costumbre, estábamos terminando de desayunar y tomarnos nuestro primer café de la jornada cuando nos avisaron de que acabábamos de llegar al siguiente punto de exploración. Así que tocaba operar uno de los mini submarinos para ver que había en el fondo marino antes de seguir desplegando el cable guía.

Alzamiento del Barracuda 1. Tras realizar observaciones in situ con el robot submarino durante todo el día había que recuperarlo para recoger las muestras recogidas y realizar su mantenimiento.
Tras ayudar en las tareas de alzamiento y lanzamiento del Barracuda 1 nos agolpamos en el cuarto de operaciones desde donde Olve se encargaba de operar a distancia al mini submarino. Como en las anteriores ocasiones el vehículo descendió lentamente hacia el fondo marino, a más de 3.000 metros de profundidad. Tras media hora llegó y empezamos a recorrer parte de la zona donde iba a ir depositado el cable guía. Esa parte del fondo no era llana, había una mini falla y diferentes desniveles abruptos, por lo que había que revisar con cuidado toda la zona. Nos encontrábamos en el extremo sur de lo que se conoce como la cresta de arrecifes de Jan Mayen, cerca de 400 kilómetros al este de Islandia.

Ese entorno era muy rico en flora y fauna marina, Geir estaba muy emocionado con poder observar, aunque fuera a distancia, las diferentes especies que poblaban ese pequeño trozo del mar. A esa profundidad los peces suelen ser muy esquivos así que cada encuentro era como un pequeño logro para todos, ya que también nos contagiamos de la emoción de Geir. Este estaba atento a todo ser vivo que apareciera delante de las cámaras del Barracuda 1, mientras que Olve seguía concentrado maniobrando, algo nada sencillo en esas condiciones marinas. Mientras tanto, yo miraba detenidamente las formaciones de arrecife, rocosas y del fondo en busca de algún patrón que me permitiera reconocer la posibilidad de que hubiera algún resto arqueológico ahí, aunque ya sabía de antemano que no íbamos a encontrar nada.

Llevábamos dos horas ya de observación, quedaba muy poco para terminar esa fase y volver a ascender al Barracuda 1 cuando sucedió. Acabábamos de encontrar una especie de pozo, de apertura en medio de un desnivel de unos treinta metros. Tanto a Geir como a mi nos llamó mucho la atención, a él por la posibilidad de que en su interior hubiera un ecosistema rico e, incluso la posibilidad de catalogar alguna especie nueva; y a mi porque siempre me han fascinado las formaciones subterráneas submarinas y quería comprobar si se entraba de un mero pozo o la entrada a un sistema de galerías más extenso.

Nyocema en detalle. Este pez alargado de color naranja y muy raro fue visto tanto en la cueva de Niflheim como en otros puntos abisales del Atlántico.
Olve introdujo al Barracuda 1 con mucho cuidado, ya que cualquier desprendimiento o impacto podría dañar severamente al robot y esa visita no entraba exactamente dentro de las competencias de nuestra misión. Se trataba de una gruta bastante grande, de unos veinte metros de altura y cuarenta de largo por treinta de ancho. El fondo estaba dominado por arena muy pálida. Por doquier había pequeñas colonias coralinas y Geir hizo su primer gran descubrimiento de la misión con un extraño pez alargado de color naranja, que más adelante recibiría el nombre de 'neocyema'. También encontramos un curioso pulpo de tonalidades azules que mostró una gran curiosidad por el Barracuda 1.

Lo que pasó es que al adentrarse el robot submarino dentro, las aspas de sus impulsores removieron una parte del fondo de la caverna y levantaron bastante 'polvo'. Hubo un momento en que la visibilidad se redujo considerablemente, por lo que decidimos que en cuanto mejorara mínimamente iniciaríamos la maniobra de ascenso a la superficie. Cuando por fin mejoró la visibilidad Olve dirigió al Barracuda 1 a la salida y entonces fue cuando lo vi, un reflejo que llamó mi atención. Nos había pasado desapercibido antes porque debía estar enterrado bajo la capa de polvo submarino pero ahora destacaba, era una pequeña formación esférica que a pesar de tener coral alrededor me llamó la atención y me dio la sensación de no ser algo natural que perteneciera a ese lugar.

Pulpo abisal. Este animal mostró una gran curiosidad por el Barracuda 1 cuando entró en la cueva de Nifhlheim.
Acercamos al Barracuda 1 para ver mejor, cuando estuvo a un metro, Olve utilizó uno de los brazos robóticos para tantear la formación. El brazo se extendió y abrió sus pinzas para rodear la especie de esfera, tras cerrarse suavemente sobre ella intentó tirar. No hubo éxito, estaba fijada al suelo, pero pudimos ver como se removía todo el suelo alrededor, como si estuviera unida a algo más grande pero que no era el fondo marino ni rocas. No podía creer lo que estaba viendo pero todo apuntaba a que nos encontrábamos ante unos extraños restos arqueológicos. ¿De qué? En ese momento no me podía hacer la más remota idea.

Esto es todo por esta entrega seguidores de Hyperborea Existe, en el próximo capítulo narraré que fue lo que sucedió y los primeros hallazgos que realizamos en la cueva de Niflheim, nombre que le pusimos a la gruta en honor a uno de los mundos de la mitología nórdica. Como siempre agradeceros a todos vuestro apoyo y, sobretodo vuestra paciencia por mi tardanza en actualizar. ¡Un abrazo enorme!

jueves, 17 de marzo de 2011

¿Estaba la Atlántida en Doñana?

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, hago un inciso en mi relato de 'Toda historia tiene un principio' para comentar un tema de actualidad que se ha propagado hace unos pocos días por todos los medios. Se trata de la polémica sobre la posible ubicación de la mítica ciudad de la Atlántida (Atlantis) en el Parque Nacional de Doñana, en Cádiz, España. Esta información viene apoyada por el recién estrenado documental 'Finding Atlantis' de National Geographic. Hoy quiero profundizar sobre este tema y compartir mis impresiones sobre si se trata de algo creíble o bien no se trata más que una treta publicitaria para tener una mejor promoción.

Imagen por satélite de las marismas de Doñana.  Esta imagen es la que ha originado la investigación de Freund sobre la Atlántida en el Parque Nacional de Doñana. Se pueden observar los círculos concéntricos que podrían haber pertenecido a un asentamiento humano.
Desde que Platón hablara sobre la ciudad de la Atlántida en sus diálogos de 'Timeo y Critias' muchos han sido los que han soñado con la existencia real de esta civilización perdida. De hecho los casos de la Atlántida y de Hyperborea son parecidos, aunque guardan diferencias notables. El primero ha sido mucho más conocido y ha alimentado la fantasía pública gracias a diferentes novelas y películas. Durante años muchos han sido los expertos que han creído descubrir cual fue su localización exacta. Unos dicen que la Antártida, otros que las islas Canarias, otros en el mar Caribe, algunos incluso decían que estaba en Groenlandia. Lo que está claro es que no hay consenso internacional sobre este tema, ya que ni siquiera lo hay sobre si existió realmente o fue solo una invención metafórica de Platón.

¿Pero qué decía exactamente Platón? Pues en 'Timeo y Critia' habla de que hace más de 11.000 años, existía una isla más grande que el norte de África y Asia Menor juntas más allá de las Columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar). En ella habitaba una civilización muy avanzada que disfrutaba de un paraíso de materias primas y metales preciosos, con los que adornaban sus edificios. Esta civilización, los atlantes, tenían avanzados conocimientos de navegación y viajaban por todos los mares del mundo. Según Platón, a pesar de su carácter pacífico terminaron corrompiéndose e iniciaron una expansión agresiva por todo el Mediterráneo. Finalmente, tuvieron que enfrentarse con los atenienses quienes lograron derrotarlos y liberar así a la Humanidad del hipotético yugo atlante.Tras esta derrota, Zeus decidió hundir la isla de la Atlántida como castigo por su corrupción.

Representación gráfica de la Atlántida. Muchos han sido los autores que han realizado ilustraciones sobre como podría haber sido la mítica ciudad de la Atlántida.
 Bien, ¿y qué es lo que dicen en el documental de National Geographic? Pues el documental sigue la investigación de mi colega Richard Freund, historiador de la universidad de Hartford, Connecticut, Estados Unidos. Según él, tras estudiar varias imágenes de satélite de la zona del Estrecho de Gibraltar, Cádiz y Huelva, creyó encontrar los restos de una ciudad circular en lo que hoy es el Parque Nacional de Doñana. Anteriormente ya se habían detectado restos similares en la península Ibérica que dieron que pensar a su equipo sobre el origen de este tipo de asentamientos. Es por ello que Freund propone que los restos circulares de Doñana se tratarían de la mítica ciudad de la Atlántida, que fue borrada del mapa a causa de un tsunami de grandes proporciones.

Rodaje del documental Finding Atlantis. Richard Freund, a la derecha, durante el rodaje del documental para National Geographic.
¿Cuál es mi opinión? Antes de nada quiero aclarar un concepto que creo muy importante, el tipo de construcciones circulares, con canales y formas concéntricas es propio de la civilización de Tartesos, que habitaba en lo que hoy es España y Portugal antes de la llegada de griegos y romanos. Por lo que es importante determinar si este sistema de asentamiento circular es original de los Tartesos o bien estos fueron supervivientes de los atlantes. A día de hoy no hay ninguna prueba que demuestre que fueran descendientes de los atlantes. Por supuesto, todo puede cambiar con las pruebas que se puedan encontrar in-situ en el yacimiento en el que está trabajando el equipo de Freund.

Por el momento, a falta de más datos, me muestro escéptico sobre que realmente esos restos pertenezcan realmente a la ciudad de la Atlántida. Primero por que si tenemos que hacer caso de lo que Platón relató esta se encontraba en una isla más allá del Estrecho de Gibraltar, no dentro de la península Ibérica. Por otro lado, me echa para atrás el hecho de que National Geographic, empresa que respeto por su apoyo a la investigación y conservación, haya promulgado a los cuatro vientos que se trata de la Atlántida sin tener pruebas contundentes de ello, solo con afán promocional.

Representación de la Atlántida de la revista Muy Interesante. Se muestra un mapa con las diferentes localizaciones propuestas para la Atlántida.
No voy a negar que si National Geographic mañana llamara a la puerta para ofrecerme los fondos que necesito para proseguir con mi investigación sobre Hyperborea a cambio de un documental me sentiría profundamente tentado. Pero en ningún caso aceptaría algo así sin poder asegurar firmemente que mis pruebas son 100% fiables. Estos meses estamos trabajando muy duro con el material que recuperamos de la isla de Jan Mayen y de años anteriores. Recopilando todos los datos para poder presentar nuestra investigación en unos meses. Una vez lo hagamos esperamos recibir apoyo institucional y fondos para poder pasar a la siguiente fase para descubrir la verdad sobre la civilización Hyperborea. Os mantendré informados.

Para finalizar por hoy, quiero agradeceros como siempre vuestro apoyo y cariño, es el que alimenta mis energías y las de mis compañeros para seguir avanzando en nuestra ardua tarea.

jueves, 3 de marzo de 2011

Toda historia tiene un principio (II)

Queridos seguidores de Hyperborea Existe, ha pasado más de un mes desde que me dirigí a vosotros por última vez, parece ser que los dioses se empeñen en evitar que actualice más frecuentemente pero tranquilos, que no desfallezco y aunque tarde seguiré manteniéndome en contacto con vosotros a través de este blog, con el único fin de descubrir la verdad. En mi última actualización inicié el relato de como me impliqué realmente con el mito de Hyperborea, hoy os traigo la segunda parte del mismo.

Tal como os adelanté el 7 de junio del año 2000 nos hicimos a la mar en el Blue Sea desde el puerto de Bodø, en el norte de Noruega, mis compañeros del NTNU Geir Grønvoll y Olve Raaen. El primero es un reputado experto en ecosistemas submarinos y el segundo  técnico especialista en robótica aplicada, es decir, nuestro maestro de los Barracudas 1 y 2, nuestros robots submarinos con los que ver de primera mano lo que hay en las profundidades. Yo iba en calidad de experto en arqueología submarina en caso de encontrar cualquier resto en la ruta señalada. En estos casos sucede como cuando se diseña la construcción de una autopista, previamente se tiene que hacer un estudio del impacto en el entorno y de determinar si afecta a algún resto arqueológico.

Esquema descriptivo de los elementos que componen un sistema de cable submarino.
En nuestro caso no esperábamos encontrar nada, ya que la ruta a seguir estaba alejada de todas las rutas marítimas convencionales y no había registros de ningún hundimiento en la zona, pero aún y así la normativa internacional obligaba a comprobarlo. Como os podéis imaginar no iba con muchas expectativas y, de mis compañeros, era el único que no esperaba encontrar gran cosa. Geir era el más entusiasta, ya que esta prospección iba a servirle de excusa para poder observar detenidamente ambientes marinos que de otra forma no habría podido debido a los costes necesarios. Estamos hablando de profundidades que oscilan entre los 1.000 metros y los 4.000 metros de media.

La primera semana fue bastante rutinaria. Nuestra ruta era rumbo norte-noroeste durante unos 1.000 kilómetros, tras los cuales tomaríamos rumbo este-sureste hasta llegar a Islandia. Se había desestimado la ruta directa al este ya que la Nordic Communications esperaba que ese cableado fuera una primera fase a la que seguiría otro que conectaría con Groenlandia. En el punto donde cambiaríamos de ruta estaba previsto que se instalara un interconectador que sirviera de puente entre Islandia, Groenlandia y el continente europeo en el futuro.

Cable submarino. Durante nuestras prospecciones desplegamos centenares de kilómetros de cable de acero de guía. Esta foto fue tomada por el Barracuda 1, uno de los dos robots submarinos que utilizamos durante el proyecto.
Nos despertábamos cada día sobre las 5-6 de la mañana para poder empezar a trabajar justo despuntaran los primeros rayos de sol. Nuestra rutina era la de ir de punto de camino a punto de camino (waypoints), en estos puntos, desplegábamos los Barracudas y hacíamos observaciones del fondo marino y el entorno para estudiar la viabilidad del "camino". Si era así se asignaba un nuevo punto de camino y el equipo de la Nordic Comms desplegaba el cable de acero guía que serviría para desplegar el final cuando terminara nuestro trabajo.

En nuestras observaciones nos centrábamos en diferentes aspectos, fauna local, flora, formaciones rocosas y coralinas y por mi parte, cualquier rastro de resto arqueológico que pudiera haber. El uso de los Barracudas facilitaba mucho la labor, antes de su desarrollo habría habido que ir con trajes presurizados y realizar inmersiones muy peligrosas o, directamente no comprobar in situ, donde se iba a trabajar con lo que se obviaría cualquier daño que se pudiera provocar. Esa primera semana fue bastante tranquila, sin ningún contratiempo como ya os he dicho, las cosas empezarían a ponerse interesantes durante la segunda semana. 

Pero esa parte la reservo para la siguiente actualización. Por hoy esto es todo, no puedo explayarme más ya que mis obligaciones me requieren. Estamos haciendo muchos progresos, cada vez está más cerca que podamos desvelar la verdad tras el mito de Hyperborea.

martes, 25 de enero de 2011

Toda historia tiene un principio (I)

Queridos seguidores de Hyperborea Existe espero que este inicio de año 2011 esté siendo muy provechoso para todos vosotros. Yo puedo decir que ha empezado tal como terminó el 2010, siendo un no parar de trabajar, lo cual, es algo muy positivo en los tiempos que corren. Hoy quiero empezar una serie de capítulos en los que quiero narrar, a modo de relato, el principio real de mi implicación como investigador en el mito de Hyperborea.Tal como digo en el título, toda historia tiene un principio, y este es el principio de la mía con Hyperborea.

Todo empezó hace más de diez años, era verano del año 2.000. Por aquel entonces ya llevaba más de ocho años como docente e investigador residente del NTNU (Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología). Repartía mi tiempo entre las clases de arqueología submarina y diferentes trabajos de campo que desarrollábamos para el gobierno de Noruega, diferentes instituciones y también para empresas privadas; todo ello a parte de nuestras propias investigaciones.

Edificio principal del NTNU en Trondheim, Noruega.


Como ya he dicho en anteriores ocasiones, desde pequeño siempre había tenido una especial predilección por la mitología nórdica, la de mi tierra, era y es un tema que me apasiona y nunca dejé de leer, estudiar e investigar en mis tiempos libres todo lo relacionado con la misma. En un mundo utópico, un investigador como yo debería poder vivir de sus sueños románticos dedicando su tiempo a investigar sobre ellos, pero en la vida que vivimos eso no es posible, de ahí que todos mis trabajos de campo tuvieran que estar alejados de ese área que tanto me interesaba.

No quiero decir que no encuentre interesante el rescate de pecios del siglo XVII o material de la Segunda Guerra Mundial, al revés, creo que todos los proyectos en los que había colaborado fueron muy gratificantes e importantes. Pero había algo dentro de mi que me decía que me faltaba algo, que necesitaba algo más para sentirme realizado como persona y profesional que se dedica a la investigación y exploración: un reto a la altura de mis inquietudes.

Parece que el destino decidió escuchar por fin mis deseos ocultos y en junio de 2000 el consorcio de Nordic Communications se puso en contacto con el NTNU para recibir ayuda en la realización de un estudio para ver la viabilidad y posterior supervisión del despliegue de cable submarino de fibra óptica para conectar los países nórdicos continentales con Islandia y las Islas Feroe. En total, el proyecto contemplaba el uso de más de 1.500km de cable submarino, sin duda uno de los proyectos de más envergadura en los que habíamos tenido la oportunidad de participar. Lo que teníamos que hacer, conjuntamente con la compañía contratada para llevar a cabo la 'obra' era hacer un estudio del mejor trazado, el impacto medioambiental en el fondo submarino y, en definitiva, cerciorarnos de la viabilidad del proyecto.

Mapa mostrando la red de cables submarinos a fecha de 2008 realizado por Telegeography

Para ello íbamos a llevar a cabo varias actuaciones. Primero un estudio por sonar y radar del fondo marino de la ruta sugerida por la Nordic Communications, que claramente estaba fomentada en el mayor ahorro de costes, es decir, la ruta más recta posible. Luego, una vez estudiados los resultados, si no era viable, estudiar rutas secundarias y repetir el primer paso. Si era viable, llevar un despliegue de prueba con un cable submarino de acero simple, que debería determinar las condiciones reales en el fondo marino y permitirnos detectar los puntos de mayor riesgo y que iban a requerir actuaciones adicionales a la hora de realizar el despliegue definitivo.

Así que tras todos los estudios preliminares cogimos el petate y nos embarcamos en el Blue Sea, el barco fletado por la Nordic Communications. Me acompañaban mis compañeros del NTNU Geir Grønvoll y Olve Raaen y los dos pequeños, pero muy útiles, mini robots submarinos Barracuda 1 y Barracuda 2 del NTNU, que iban a ser imprescindibles para la observación directa de lo que sucediera en el fondo marino al desplegar el cable de acero de prueba.

Era el 7 de junio de 2000, nos esperaba un mes de mucho trabajo en alta mar...

Continuará...